Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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19 febrero, 2016 | 18:16

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En China la noticia del arresto de personal de la oficina del banco ICBC ha llegado ya a la prensa y a una muy pequeña parte de su opinión pública. A los españoles, y más aún, a personas que llevamos meses anunciando que vamos a comercializar productos españoles vía la plataforma de venta online de ICBC, ya nos empiezan a preguntar qué está sucediendo.

También hemos tenido que dar explicaciones a nuestro equipo. Clientes en activo y potenciales nos han preguntado si el caso tendrá algún tipo de impacto en nuestras ventas en China vía la plataforma del banco ICBC. Por tanto en nuestra empresa vivimos en primera persona y de forma colateral el impacto del registro de ayer en la oficina madrileña del banco.

Aunque a uno no le quepa la más mínima duda de que como organización el banco ICBC respeta las normas del juego en China y se supone también que en cada mercado en el que actúa, parece razonable que nos pregunten dada la situación. Y que tengamos que responder a dudas como es nuestra obligación hacerlo.

Saltarse las normas del juego no resulta escalable en sistemas donde el gato y el ratón llevan siglos uno detrás del otro. Y sí, todos nos saltamos algún semáforo en rojo o por dejadez, ignorancia, desidia, o por estar muy ocupados con otros cosas… y a veces no cumplimos con obligaciones básicas. Hasta por el mero hecho de que las regulaciones son contradictorias entre sí o por más que las leamos una y otra vez, resultan inteligibles. Es increíblemente difícil cumplir estrictamente todas las normas y el sistema parece conspirar para que en realidad estemos todos, por acción u omisión, fuera del mismo y seamos vulnerables a que nos encuentren las cosquillas.

Es tal y tan absurdo el entramado normativo, que como pyme, resulta inviable estar encima de tanta regla. Máxime si encima te dedicas y has nacido con adn multinacional y aún eres un "crío". De hecho, parece que las normas están pensadas para que los grandes (vía lobbies) mantengan su status quo. El Camino de Servidumbre ha sido largo para llegar aquí, y lo que nos queda…

Por eso, cabría distinguir entre violaciones flagrantes, continuadas y a propósito… de faltas ocasionales más o menos fortuitas y tal vez debidas a la ignorancia o a la mera incapacidad de estar en todo. Faltas que, en algún caso, pueden jugar hasta en contra. Por ejemplo, cuando uno se equivoca y paga más impuestos de la cuenta. O se le olvida o no es capaz de descontar ivas pagados por facturas no cobradas sin ir más lejos. Es decir, incumplir normas, en el complejísimo mundo de hoy, es lo más normal. Tanto a favor, como en contra. Aunque hablo de las pymes en este momento, no del banco más grande del mundo. 

Los chinos están obsesionados con las normas, o al menos con los procesos. Cuando lidiamos con ellos, es un auténtico infierno el absurdo cumplimiento normativo. Intentar abrir una cuenta para comprar publicidad en un buscador, para abrir una tienda online en una plataforma, para establecer un perfil público en alguna red social, es enfrentarse a un laberinto burocrático absurdo y eterno. La cantidad de documentación a entregar es tremenda. Podemos pasar meses, si es que lo conseguimos, para dar de alta la cuenta, para comprar al final palabras clave que apunten a la web de nuestro cliente. Algo que fuera de china hacemos en minutos.

Por este motivo, sabemos que los chinos están totalmente acostumbrados a pedir papeles y papeles, y a que estos tengan que ir con sellos y firmas. El grado de burocratización es altísimo y la disciplina de la población china en su sometimiento a ellas, aún bajo pero creciente. Sin que esto niegue la mayor de que China es una economía mucho menos formalizada en ciertas capas, menos fiscalizada, donde existe –como es lógico en un Estado menos desplegado- una tremenda economía sumergida. Y sin que esto niegue tampoco el que hay gente que presume –mucho fanfarroneo absurdo hay al respecto, dicho sea de paso- de contactos (guanxi) y poder para saltar por encima de las normas tomando atajos. El vulgo, al menos, sigue normas a rajatabla.

De estas reflexiones deriva que la mayor es que parece evidente que, como institución el banco ICBC no está en tela de juicio. De nuevo, sin que esto niegue que haya caso. Nuestra empresa, 2 Open, va a seguir con toda su energía empujando los proyectos que lleva a cabo con el banco ICBC tanto en España como en China y a trabajar con ellos. Y si ha habido prácticas incorrectas cabe acotarlas y depurar responsabilidades entre los implicados sin elevar a categoría lo que seguramente es un suceso.

17 febrero, 2016 | 13:14

Vivimos en un mundo donde la competencia es tan agresiva, que a veces las mejores prácticas a nivel de negocio no lo son a nivel ético y legal. Los que nos dedicamos a hacer algún tipo de negocio, bien lo sabemos y sufrimos. El eterno dilema. 

Además, hay muchos incentivos hacia la omertá y pocos a defender lo que está bien frente a lo que sale rentable a corto plazo. Es un juego del gato y el ratón con competencia a veces desleal que hunde y machaca al honrado frente al que defrauda.

Por esa razón, que la justicia actúe rápido y con contundencia, suele ser una buena noticia, aunque a veces puedan cometerse errores y por tanto injusticias. El juicio mediático precede al real y el veredicto del pueblo, en su imaginario colectivo, llega por un titular amarillo y repentino. Raramente lo borra un posible desmentido posterior, o una matización. Por eso es peligroso el uso de efectismos que tan de moda se ha puesto en España a la hora de intervenir, cámaras mediante, en registros y detenciones como hoy mismo ha sucedido en la sede del banco chino ICBC en Madrid. Armados guardia civiles a sus puertas. 

Vaya por delante y por transparencia, que tengo cierta vinculación profesional con el banco ICBC en Madrid e intereses en esta materia. Nuestra empresa, 2 OPEN, comercializa un servicio de venta con ecommerce transnacional (cross-border) para vender por comercio electrónico, nuestra especialidad, en China dentro del portal de venta online del banco. Por eso puedo hablar en primera persona y dejar un testimonio muy reciente de mi experiencia con la sede en Madrid del banco chino ICBC.

Los profesionales con los que tenemos el placer de trabajar, en todo momento nos han atendido con la mayor amabilidad y rigor formal. Para abrir nuestras cuentas bancarias, se nos requirió abundante documentación y la burocracia no fue pequeña. Precisamente, me indicaron que se sentían sometidos a un muy estrecho marcaje. Es más, su nivel de advertencia fue tal, que hasta me sonó exagerado en aquel momento.

Las cautelas que tomaron fueron tan grandes, que incluso percibí que se excedían en su celo para el caso de una PYME como es la empresa en la que tengo el placer de trabajar. Por eso, la noticia de hoy, sin negar su verosimilitud me resulta muy chocante. En ningún momento vi el más mínimo síntoma de dejadez o falta de formas en su trabajo con nosotros. Todo lo contrario. 

Esperemos que la operación desarrollada hoy en la sucursal de Madrid del banco ICBC en España tenga realmente un contenido razonable y no sea una operación de fuegos artificiales sin sustancia que pueda tener cierto coste a nivel de confianza mutua entre España y China. Lo cierto es que si actúa de forma tan contundente nuestro aparato estatal, yo así lo sospecho, como hace un par de días cuando opinaba sobre la pertinencia de no ceder en el caso del posible derribo del edificio España. El asunto podría llegar a impactar a nivel emocional las relaciones entre España y China. Los españoles que trabajamos con China, deberemos seguir de cerca también esta noticia. 

10 febrero, 2016 | 22:46

Muchos Chinos resultan a veces contradictorios en sus pasiones. Por un lado muestran fascinación por la tradición y el pasado, a veces irracional superstición. Sin embargo, al mismo tiempo rechazan lo viejo, de segunda mano y rancio. Por eso son tan rápidos colonizadores de nuevos desarrollos urbanos, viven proyectándose hacia nuevos edificios, dispositivos, contenidos, modas y memes.

Volátiles. Raudos en sus virajes de opinión si reconocen algo como más moderno y muy exploradores. Invierten mucho en enrevesados envases difíciles de desenvolver que subrayan durante el ritual de apertura el privilegio de disfrutar de lo nuevo. Los platos en algunos restaurantes se ponen lavados y precintados en plástico. Utilizan a menudo, cada vez menos, palillos desechables… nuevos… para comer. En China se ve poco mercado de segunda mano y antigüedades.

Algunos chinos quieren ver lo viejo y vivir en lo nuevo. Podría decirse que disfrutan la tradición y el pasado no tanto en su preservación, sino incorporándolo en lo nuevo. El pasado, para nosotros, de esta forma parece perderse. En nuestra concepción tirar el "Edificio España" (de la Plaza de España en Madrid) y levantar otro en su lugar que rememore lo que había, puede ser borrar nuestro pasado. No hay incorporación de elementos que pueda suplir la pérdida de tal destrucción. Para ellos, sin embargo, es obvio que el pasado forma parte de lo nuevo. Lo nuevo no existiría sin pasado. Por tanto, no es para nada sorprendente el desacuerdo que al parecer ha surgido en este asunto. 

Viajar por China apenas tiene interés en cuanto a paisajes urbanos. Sus zonas antiguas o turísticas son reconstrucciones más cercanas al parque temático que a una vuelta al pasado. Los lugares conservados son excepciones y su modelo de conservación muy discutible. Sus ciudades son cada vez más parecidas. Mismas tiendas, marcas y centros comerciales. Incluso, diría, parecida trama urbana. Útil para los negocios y la administración. Cada vez más homogéneo todo.

Desconociendo en qué medida la discrepancia en relación con la demolición total o parcial del Edificio España responde a un posicionamiento técnico o político por parte del Ayuntamiento de Madrid es de suponer que ha predominado un enfoque técnico derivado de una tradición de preservar edificios que en España hemos mantenido durante mucho tiempo. Ha dado como resultado que aún tenga sentido ir de una a otra ciudad a dar un paseo entre construcciones que sí se diferencian entre sí y nos hacen tener memoria viva.

Cierto es que en Europa apenas nos da para conservar lo antiguo y estamos muy enfocados a reciclar. Muchas veces es más fácil partir de cero que gestionar el cambio. Empleamos mucha energía en conservar lo que hay para ir hacia lo que debería haber. Esto nos hace perder algo de ventaja competitiva en relación con los avances que se producen.

En este dilema, entre construir tras destruir... reciclar y preservar o si acaso construir por capas resulta preferible preservar el legado que podamos sin tirar abajo lo que pueda reutilizarse. Si el Edificio España aún tiene elementos utilizables lo mejor es no ceder ante el inversor. Pero ese debate debería ser de cálculo técnico y económico y es de esperar que el Ayuntamiento de Madrid haya tomado las decisiones en base a funcionarios y asesores cualificados en la materia y, por tanto, estén haciendo lo correcto.

Como precedente, hay gente que ve en el caso de Wanda y el Edificio España un contratiempo para posicionar España ante inversores chinos. Pero la mayoría de ciudadanos chinos saben muy bien que el gobierno manda y que las decisiones se toman sacrificando a los individuos por el conjunto. Lo hacen constantemente en China y lo entienden de sobra. Al contrario. Una posición firme del Ayuntamiento de Madrid… del gobierno, pues en China llaman “gobierno” a todo lo público sin demasiadas distinciones, podrá ser negativa para este caso concreto pero nos puede ayudar también a reforzar ante ellos la necesidad de contar con el apoyo “del gobierno”. Y puede ayudar a ordenar y poner claras las normas del juego. Exactamente lo que hacen ellos en China. Tal vez lo que perdamos en inversión, si mantenemos nuestro patrimonio, lo acabaremos recuperando vía turismo. Incluso con visitantes chinos.

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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