Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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12 abril , 2014 | 09 : 21

Nuestro consenso, o el de los chinos

Agnosticismo, escepticismo, relativismo, humildad intelectual. El choque frontal de ideas es comúnmente aceptado como positivo por nosotros occidentales. Asumimos que no estamos en posesión de verdad alguna. De la intersubjetividad mayoritaria pueden derivar decisiones mayoritarias, pero no necesariamente consenso. Puede haber minorías que no aceptan tal decisión y pueden seguir expresando de una manera más o menos frontal su oposición. Esa es, posiblemente, la mentalidad democrática. Puesto que vivimos todos en algún grado de error, cada cual aporta sus sesgos sin tener que llegar a un acuerdo puntual. 

Como "occidentales" en lo cultural podemos vivir en el radical desacuerdo. En el enfrentamiento incluso. Y hacerlo patente de modo más o menos civilizado en manifestaciones, en los parlamentos, en los medios, en las redes. Nos hemos puesto de acuerdo en estar en desacuerdo. Es más, creemos que este pluralismo nos hace, como sociedad, superiores. La libertad individual consiste en poder estar estar equivocado y convencido de una realidad subjetiva pintando cada cual el mundo a su manera.
 
Se trata de un concepto de libertad discutible bajo otras ópticas en general, y que en particular no se comparte de modo generalizado en China. Los chinos sostienen un paradigma que, tal vez, no es necesariamente inferior al expuesto líneas arriba. Algún día podríamos acabar considerándolo, si no superior, complementario al nuestro. 
 
Es el paradigma del consenso, de la certeza puesta en común. Del positivismo social. Desarrollo científico pueden llegar a llamarlo. En este modelo hay una verdad que podemos llegar a aprehender vía discusión y consenso y una vez llegamos a esa especie de acuerdo más o menos unánime, debemos alinearnos a pies juntillas y marcar el paso dentro de esa verdad aceptada (o impuesta). Algún día mutará la realidad aceptada pero mientras no sea así se circula sólo por ese carril. 
 
Esa es una de las explicaciones racionales detrás del concepto de responsabilidad individual sobre lo que se dice y lo que se hace por ejemplo en Internet. Puesto que hay una verdad unánime (momentánea, no eterna, pero aceptada o impuesta en el momento actual) ir contra dicha corriente, el disenso, las posiciones individuales, la hipérbole, la ironía, la sátira, el bufoneo, lo escandalizador... quedan fuera de una línea imaginaria de lo que se entiende como real. Poner en cuestión las bases de pensamiento es faltar a esa verdad de consenso. Y se sanciona.
 
En un panorama de menor relativismo el debate debe regirse por críticas que tienen que partir de esa realidad y encontrar agujeros en sus propias lógicas, pero sólo desde esas lógicas anteriores. No desde otras.
 
No significa que los chinos tengan que estar de acuerdo en lo que dicen de forma absoluta sino que para exponer desacuerdos deben desmontar primero la realidad aceptada desde las lógicas y sistemas (desde dentro del sistema) actuales, y proponer alternativas incrementales y no rupturistas. No se puede vivir en el desacuerdo. Así que el cambio es un proceso gradual con una evolución de acuerdos intermedios. Una negociación centímetro a centímetro donde las posiciones van cambiando sin que se note. Sin que nadie "pierda la cara" por el camino.
 
Es, tal vez, uno de los retos mayores para un occidental en China. Nosotros podemos mostrar el desacuerdo, teorías totalmente contrarias y nuevas sentadas sobre lógicas que nada tienen que ver. Puramente rupturistas. A nosotros, a veces, sencillamente nos gusta llevar la contraria por el mero placer de hacerlo. Decimos negro porque el otro dice blanco. Con vehemencia. Los chinos se ríen cuando les preguntas con contundencia ¿por qué? Te parafrasean sonriendo "¿por qué?".
 
¿Por qué? puede ser una pregunta a las bases racionales que sostienen una afirmación. A los cimientos. Se busca en qué se basa algún tipo de posición. Según se plantee no es tanto una pregunta de matiz sino de raíz. Para muchos chinos, ¿por qué? es demasiado directo. Es una muestra de disenso, de no aceptación del grueso de su teoría y, a veces, de enemistad no sólo hacia la teoría sino hacia el sujeto que la emite. Hecha en público, es una pregunta que puede hacer que el chino incluso "pierda la cara" llevando a difíciles laberintos de vuelta al consenso anterior, que se ha roto por preguntar eso. El hilo del consenso ha de mantenerse para no generar heridas en las relaciones. Si no quieres que se activen defensas emocionales hacia tus argumentos hay que mantener viva la llama de consenso en las bases lógicas y de un sistema comúnmente aceptado. El ejercicio para nosotros no es fácil en ocasiones y no pocos son los desencuentros personales y de negocios que genera esta diferencia de marcos conceptuales.
  
La para nosotros sagrada la libertad de expresión del que expresa el disenso, e incluso el error, puede ser vista en China como un reto deliberado, vano y nocivo a un consenso social colectivo, a una "armonía" que es superior a la supuesta libertad individual de pensamiento y expresión. Es un valor superior para ellos. Es una libertad entendida no de forma individual sino colectiva. Es la libertad no del individuo de expresarse como quiera, sino del grupo, de seguir de consenso en consenso sin excluir ovejas por el camino. 
 
En cierto modo ellos lo ven como algo generoso. Es un consenso inclusivo donde no se deja nadie fuera, pero del que tampoco puede salirse nadie. Es por tu propio bien por el que no puedes discutir las raíces. Es para no excluirte, para no apartarte como a una manzana podrida. Es para que te construyas dentro de ese órgano colectivo que es la sociedad que como tal sí es libre. Para que te integres de algún modo y participes de la alegría de compartir una visión del mundo.  
 
De igual manera que para nosotros el pluralismo, el "agree to disagree" (estar de acuerdo en estar en desacuerdo) forma parte del ADN de una conversación con  amigos. Para ellos es una secuencia de acuerdos y coincidencias lo que se practica. Nos puede resultar un abrurrida una conversación sin choques de ideas, pero para ellos aburrido puede ser lo contrario: un enfrentamiento de bases. Y agresivo.  
 
A veces con los chinos, y no por el idioma, es monótono conversar porque hay que discutir detalles por capas. Pelando la cebolla. Hasta llegar al corazón de la misma. Con los occidentales primero atacamos escandalósamente el núcleo argumental del otro, y luego damos paso, desgranándolos, a los detalles por los que negamos la teoría del prójimo.
 
Para mantener ese "hilo del consenso" con un chino hay que esforzarse en encontrar los puntos en común, en los que estamos de acuerdo. Así podemos subrayar que estamos en la misma página, en el mismo redil. Sólo con esa base de acuerdo podemos empezar a matizar. Dar una pincelada de color. Primero una, después otra. Es un desarrollo argumental de puntillismo. Punto a punto vamos pintando el cuadro. Trazo a trazo. Es muy cansado. No es poco común tener reuniones maratonianas, de un día entero. Reuniones donde te has pasado ocho horas en la mesa frente al tu interlocutor. 
 
Los chinos nos consideran cabezones, vehementes, agresivos, maleducados cuando mostramos nuestra capacidad de estar en desacuerdo en todo su esplendor. Nos consideran poco inteligentes, dogmáticos. Incapaces de discernir y progresar en ideas desde el punto de partida. Ignorantes. Consideran que no les entendemos. Y cuando nos consideran así, sencillaente nos ignoran y se cierran a nosotros.
 
Entre ellos, sigue siendo un gran activo el conocer la historia. Haber leído clásicos. Desde su lógica, solo desde el conocimiento profundo de realidades aceptadas anteriores se puede dar algún paso corto en alguna dirección. Nosotros nos regimos por la creatividad disruptiva y extraída de lógicas nuevas y paradigmas de nueva creación no necesariamente basados en un legado anterior.
 
En los debates que tenemos sobre la libertad de expresión, conciencia, pensamiento, nos basamos en una forma de ver el mundo y el ser humano que nos pertenece y entendemos como universal. Somos misioneros y aspiramos a compartir nuestra superioridad con los demás para que puedan disfrutar de nuestra profunda libertad individual. Al hacerlo somos contradictorios porque no entendemos que alguien ataque la raíz de nuestro dogma. No consentimos que nadie nos pregunte ¿por qué? Por qué es superior nuestra libertad de expresión individual y el pluralismo. Somos defensores de la libertad de expresión salvo para aceptar que alguien pueda discutir nuestra forma poliédrica de ver realidades diferentes. Para afirmar radicalmente nuestra libertad de expresión al final tenemos que negarla. Como los chinos... un consenso: el nuestro.

Comentarios

Consenso Relativo

Muy interesante la reflexión sobre los dos "modelos" de convivencia y comportamiento social siempre que no se olvide que son eso, modelos o arquetipos que quizás tienen más que ver con la penetración del modelo económico y social capitalista del esfuerzo individual, beneficio individual, propiedad privada que con supuestas raíces étnicas "chinas" u "occidentales".

La mayor parte de rasgos que el artículo atribuye al carácter "chino" (afán inclusivo, temor a la marginación que supone disentir, etc.) son observables en cualquier sociedad pre o protocapitalista (el papel de la familia, el apoyo entre vecinos en el trabajo, la existencia de bienes y propiedades comunales, la vida personal más o menos "controlada" por la familia y la comunidad, etc.) eran perfectamente observables en España hace 30 años (el famoso ¿qué dirán?) y lo son todavía en muchas zonas rurales y no tan rurales (pensemos en la lucha de los adolescentes por mimetizarse con su entorno en formas de pensar, vestir, o incluso de no sacar buenas notas en clase).

Por otra parte las ideologías totalitarias "occidentales" de mitad del siglo XX llevaban al paroxismo ese afán "incluyente a la fuerza" (lo que no es obligatorio está prohibido).

Y en sentido contrario dudo hasta que punto se mantiene en China ese espíritu inclusivo, de no marginar ni automarginarse en las zonas donde ha llegado el capitalismo con sus oportunidades de enriquecimiento rápido (a menudo explotando o pisando cabezas de otros compatriotas) y la valoración de la ostentación de la riqueza. Pero en cualquier caso me parece una reflexión valiosa y sobre todo ponderada. Nuestro relativismo "occidental" también ayuda al consenso... y el consenso no es posible si no hay algo de relativismo.

Jordi

Un gran artículo sobre el intrincado tema del "donde fueres haz lo que vieres". Yo entiendo que no hay nada más individual y particular que la verdad, entendida como la realidad percibida por cada individuo como motor de impulsión de su toma de decisiones y respuestas, esa toma de decisiones regida por la Ley de la Vitalidad, que es pelín más compleja que la Ley de la Gravedad de Newton que rige la física de la materia inerte de las manzanas que caen para abajo.

Los seres vivos, que para serlo necesitan adaptarse y evolucionar (incluso saltando contra la ley de la gravedad de las manzanas a más de 9,8 m/s2), lo tienen fácil captando bien la verdad de su realidad y, en vista de lo visto, haciendo lo que vieren allá donde fueren.

Sí, hay verdades superiores a la del individuo. Está la palabradedios, aláersgrande, fuívotado, larmoníaypunto, sonlosmercados, etcéteras. Pronto tendremos otra verdad ucraniana y otra verdad catalana y aquéllos que no se adapten perecerán en el camino, en cualquier plaza ante los tanques o aplastado por una hipoteca, y ya no podrán saltarse la ley de la gravedad que les someterá como meros seres muertos que se pierden el gran espectáculo.

Es la Ley de la Vitalidad: haz lo que vieres, es la vida.

Juan Carlos

Felicidades por esta entrada tan interesante.
Yo creo que la gran diferencia de fondo está en la filosofía que rige la cultura occidental de la oriental, llevado hasta el extremo.
Desde siempre, la cultura occidental se ha regido por la ciencia y lo podemos apreciar desde los clásicos griegos, por esto somos más escépticos, agnsósticos y relativistas, poque solo creemos en las certezas de la ciencia, en algo que está suficientemente demostrado, y por eso nos regimos por los sistemas democráticos de origen también Heleno, como el sistema menos malo para la sociedad occidental, que siempre tiene que demostrar el beneficio de una idea.

En la cultura oriental es completamente distinto, es una cultura basada en la sabiduria de la mística social, está el beneficio de lo social sobre el beneficio individual y por eso no tiene la necesidad de preguntarse por qué, ya que la ciencia está sometida al mismo sistema.
Una forma de proceder no es mejor ni peor que la otra, ambas son erróneas si se tratan individualmente, pero si se juntan son completamente complementarias.
De todo esto ya se encargó Pitágoras de enseñar a sus discículos y que desgraciadamente su sabiduría se perdió "intencionadamente" en el fuego de Alejandría.
Unir ciencia y mística es lo más compelto pero difícil de aplicar con sabiduría plena

Juan Carlos

Hay un libro escrito por Osho (filósofo indio) que explica muy bien estas diferencias culturales y desvela la enseñanza de Pitágoras: "Geometría de la conciencia", pueden buscar en google books.
saludos

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