Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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25 enero, 2014 | 08:18

El escándalo Chinaleaks ha tenido, básicamente y en apariencia, un impacto nulo sobre la sociedad civil china. Es más, al hablar con personas de a pie que hayan llegado a conocerlo más bien parece que estos envites no hacen sino acabar reforzando al gobierno chino porque se produce cierto enroque mental ante lo que se pinta de forma un poco conspiranoica -un poco cierta- como un ataque externo no a sus gobernantes sino a China. La identidad entre los gobernantes y su pueblo es una herramienta fácil para azuzar el victimismo irracional para ganar el apoyo de los ciudadanos secuestrados. Cierto es esto. Lo mismo nos pasa en España con los nacionalismos. Si sale un escándalo que involucre a Jordi Pujol Jr se vestirá como ataque a Catalunya o si se sacan temas de la Casa Real hay quien quiere ver en ello un ataque a España.

La respuesta del gobierno chino ha sido censurar los medios extranjeros por una parte y por la otra dar un mensaje de que hay que separar el trigo de la paja. ¿Ha habido alguna repercusión a pie de calle de Chinaleaks en China? Aparentemente -si bien no tengo elementos objetivos ni científicos para asegurar tal cosa- no. No parece que haya transcendido en nada hacia el chino llano este escándalo. Hombre... es que se ha censurado. Tampoco es fácil que suceda lo contrario.

¿A qué capa de la sociedad china ha llegado Chinaleaks? Pues lo ha hecho a los chinos en el exterior o con contacto con el exterior. A la capa más ilustrada que tal vez encuentra, dentro de esta polarizada sociedad, una identidad de intereses con la élite aunque pueda estar a medio camino.

¿Cómo reacciona esta capa a algo tipo Chinaleaks? En primer lugar parecen tener anticuerpos ante las noticias venidas de fuera. Una resistencia a entrar al trapo del todo. Una prudencia bastante “china”. Un frío esperar y ver que a nosotros, latinos, a veces nos cuesta entender. Nosotros somos un poco más de levantarnos a arrear sopapos, o de quemarnos por dentro de indignación adoptando un juicio (prejuicio) rápido sobre las cosas. Ellos no. Paran y miran. Tal vez, observan. Tal vez, piensan algo. Escuchan. Y ya después, solo a veces y en confianza, se manifiestan. (Por cierto, esta actitud suelen tenerla también en proyectos en la empresa, y fastidia bastante su falta de asertividad y nos hace complicado trabajar con ellos).

Tengo amigos y conocidos en el Partido Comunista Chino. Para qué vamos a negar lo obvio. Es inevitable si vives en China. Es inevitable si has estudiado como pude yo gracias a la beca de “la Caixa” y Casa Asia tu máster en CEIBS. ¿Son ogros que comen niños? No. Son ciudadanos normales con distintos niveles de involucración en el partido. Desde ninguno, hasta pasarse las semanas con reuniones, o incluso socializando con otros miembros.

Una de las cosas que siguen haciendo miembros jóvenes del Partido Comunista Chino es juntarse en grupos y debatir de diferentes cuestiones. Unas más mundanas; otras más abstractas y divinas. Normalmente no se cuelan extranjeros en sus debates, pero si hablas un poco de chino y pasas por ahí, tampoco te excluyen si te apetece pasar e incluso hablar.

La mayoría de los que conozco son del partido sin rol alguno ni como funcionarios ni en instituciones. Sus pensamientos están bastante menos encorsetados de lo que se podría esperar. Por haber, hay hasta defensores de la Escuela Austríaca dentro del Partido Comunista Chino. Los que esperen ver una roca infranqueable, acrítica y adoctrinada, creo que se equivocan en su análisis. No es tan raro para un chino que ha estudiado en la universidad y ha sacado buenas notas, pertenecer al Partido Comunista. Un sistema muy discutible de acceso a la política, de acuerdo. También me parece discutible el trepa hispano que se pasó sus estudios pegando carteles y haciendo de extra en los mítines de nuestros partidos. No sé, realmente, qué me repugna más porque conozco especímenes de sindicato de estudiantes y cachi de calimocho en nuestra tierra que... pero no desviemos el tema con el prejuicio latino que padezco.

Para esta capa que sí se ha enterado en algo de Chinaleaks, nada nuevo bajo el sol. De sobra conocidos son excesos y corruptelas en parte de la función pública, administrativa y política. La verbalización una vez más por parte de medios extranjeros no parece haber añadido mucho en concreto. Más allá de una serie de nombres, y ni si quiera tantos. China es un país inmenso y apenas han salido 37mil cuentas bancarias. Por ejemplo, la del fundador de Tencent, que vaya usted a saber si tiene ahí los ahorros "legales" (dentro del sistema de paraísos fiscales que debiéramos abolir por completo, pero ese es otro cantar). Hay una concienciación sobre este problema pero hay bastante confianza en que se están dando pasos al respecto.

La no negación del problema de corrupción… es más, su afirmación al decir que habrá que separar el trigo de la paja por parte del gobierno chino es una respuesta hábil. Con este movimiento, el propio gobierno chino ha tomado la iniciativa sobre la cuestión. Ha internalizado a nivel doméstico un problema de imagen pública, y ha ganado su apoyo por parte de las capas intermedias que son permeables a la cuestión, que ahora básicamente, y con la misma concienciación, confían en que se sigan dando pasos para limpiar la corrupción de China. Al final, y creo que con una respuesta "a la china" vía una obviedad "hay que separar el trigo de la paja" el problema parece momentáneamente solventado. A falta e que más titulares llenen de color nuestras portadas.

Autores fuera de China tienen que alimentar audiencias ávidas de encontrar culpables a nuestra crisis, a nuestro paro, a nuestra miseria. No. No son esos que pegaban carteles y después se iban al césped con el calimocho. Autores empujados a mirar con lupa y esperar reacciones de desestabilización rápida que nos den titulares y nos permitan por un lado reafirmar la superioridad moral, formal y funcional de nuestra amada democracia, y justificar nuestros males en terceros por el otro. En otras palabras: carnaza. Consuelo de tontos.

Aún así, el impacto positivo del marcaje a la élite china por parte de los medios extranjeros puede ser un gran instrumento para el propio gobierno chino y una palanca para seguir dando pasos en un progreso que es obvio que deberá producirse. Porque sí: hay corrupción. Sí, hay una desigualdad brutal a la que hacer frente en China y más vale que se haga algo al respecto, si es posible más rápido de lo que lo están haciendo.

22 enero, 2014 | 04:42

Desayunamos hoy en China con titulares nuevamente venidos de Occidente que traen revelaciones nuevas de viejos y conocidos problemas. La rampante corrupción en algunos casos, pero no solo, ha hecho amasar fortunas en paraísos fiscales a los que han podido y sabido arrimarse a buen árbol. Es triste constatar aunque lo sepamos que la sociedad es así, y que la personificación en gente como Bárcenas en España no es el problema, sino el síntoma de una enfermedad mucho más grave, profunda y sistémica. Estos escándalos no tienen exclusividad china ni española, sino que deben llevarnos nuevamente a una visión de la sociedad en capas (clases sociales) donde tengamos claro donde está cada cual. Así que no viene mal de vez en cuando un recordatorio contundente.

Haciendo negocios en China y manteniendo un blog en EL PAÍS, hoy será un día curioso. Orgulloso estoy, como no puede ser de otra forma, de que el que siempre ha sido mi periódico, EL PAÍS, saque sin tapujos estas informaciones. También, porque no se trata de problemas ajenos de gente en otros países, sino de problemas del sistema y de las clases, insisto. La nueva independencia que el periodismo está encontrando vía “yo te exploto este grano a ti, y tú me lo explotas a mi” es una sana tendencia. Recuerda mucho a los monos quitándose mutuamente los piojos. Snowden publica por aquí y se le protege en Rusia y China, en Occidente se publica sobre China y así llegamos a un nuevo y curioso pluralismo trasnacional que seguro sigue distando mucho de la objetividad pero nos acerca.

Tampoco se puede ignorar que el espectacular e indiscutible crecimiento chino genera recelos y enemigos fuera. Su control sobre activos cada vez más estratégicos, energéticos, humanos, de materias primas, de territorio –incluso la luna- a lo largo del mundo es muy evidente. La amenaza china como profecía auto-cumplida de la que nos han hablado autores importantes ya hace tiempo está ahí. Encima de la mesa. Por eso las revelaciones que están sucediéndose en medios extranjeros no van a cesar. Más bien por el contrario podríamos esperar que incluso se agudicen.

El sistema chino es mucho más sólido de lo que se hace ver cuando salen estas publicaciones. Los que estamos aquí relacionados con el mundo de los negocios, tal vez podemos percibirlo a muchos niveles. Estas revelaciones…  casos de corrupción que incluso acaban en ejecuciones, son parte de un proceso de maduración que no puede hacerse de forma más suave. Son fricciones necesarias de un sistema.

Cualquiera que viva en China verá que el propio respeto a las normas de tráfico, incluso de urbanidad por parte de la población es lamentable en muchos casos. Cómo se tiran al suelo los envases de las cosas tras comerlas o del paquete tabaco recién fumado. Cómo los semáforos se saltan por sistema y en el paso de peatones, aunque su código de circulación afirme lo contrario, la preferencia es del vehículo grande ante el pequeño. Los coches se interrumpen unos a otros como un buen futbolista metiendo el cuerpo para imponerse.

En China la bancarización es bajísima, se mueve una economía sumergida tremenda y se hacen pagos en metálico de cantidades que ya ni nos imaginamos en España se pueden pagar en billetes. No existe una economía tan formal todavía y falta muchísimo que hacer en fiscalización.

China es un país “en desarrollo” donde se sigue dando un profundo tercermundismo con un rapidísimo crecimiento económico muy difícil de digerir tan rápido. Muchas instituciones que en Occidente damos por asumidas -instituciones en sentido sociológico del término- no existen todavía. Sus referencias de valores no tienen un anclaje en una religión extendida y de consenso, como pudiera ser el cristianismo de Occidente. Esto genera radicales desviaciones de comportamiento que solo un Estado de Derecho fuerte podría atajar. Lo que los anglosajones denominan “rule of law” y el sistema de” checks and balances”, algo así como división de poderes.

¿Cómo evoluciona el ser humano del estado de naturaleza pre-contractualista a la conversión en ciudadanos con derechos y obligaciones en común si no hay ente que centraliza el monopolio de la violencia y su distribución de forma efectiva? Es decir, ¿Cómo puede, realmente, un país del tercer mundo de la noche a la mañana tener un sistema político, jurídico, social y económico maduro al estándar occidental?

Sencillamente, no puede. No puede, por definición, China aspirar a los estándares que incluso tenemos en nuestra muy criticada España donde la renta per cápita supera los 30mil dólares anuales. No es viable. No hay una entidad tan desarrollada ni instituciones, como la familia, la educación, la religión, que hayan hecho mella profunda en unos valores de las personas que doten a la sociedad de un software que pueda hacerla rodar al nivel de las occidentales.

China no puede a corto plazo tener ni ser medida por nuestros patrones. Es un error etnocentrista evaluar China de esta forma. China ha de medirse por su progreso ante sí misma y por el rumbo tomado. En este sentido, está llevando a cabo progresos tremendos y a veces difíciles de percibir. Es como un bebé que su padre no ve crecer, pero cuando se da cuenta ya mide metro y medio.

El chino común, el taxista, la señora que limpia en la oficina, el recepcionista, el camarero, son conscientes de que viven en un sistema con un grado considerable de corrupción y tráfico de influencias. La gente no es inocente y confiada y no vive en el “mundo feliz” de Huxley todos puestos hasta arriba de soma. Los chinos no están tan alienados. Sin embargo, esa es la composición de lugar que nos gusta hacernos a los extranjeros, tan misioneros nosotros.

En España busqué piso allá por la cúspide de la burbuja en El Barrial (Getafe), en Las Tablas, en Coslada…. y no había más que llamar a un anuncio en idealista para que por viviendas sospechosamente baratas de programas de precio tasado o similar te pidieran en A lo que ponía en el anuncio, y en B cien mil euros en metálico. Familiares y amigos de responsables políticos de urbanismo. De forma directa y descarada. Hubiera bastado con poner a llamar a un juez y a un notario. Esto, lo hemos vivido todos, no veamos solo la paja en el ojo ajeno. Ni nos rasguemos las vestiduras porque el PP tenga cuentas en B en Suiza, como los chinos. El problema es de castas, y no tanto de países aunque hay diferencias significativas de grado de sometimiento en función del desarrollo institucional de las naciones.

Mi experiencia personal no es tan rica ni relevante en el gigante asiático. Sin embargo, estamos viviendo tiempos de reforzamiento de su estado de derecho, desde las propias normas de tráfico, donde Shanghái y ciudades de primer nivel se están poniendo muy exigentes y están pasando de la jungla a en pocos años convertirse en lugares de un estándar de cumplimiento casi occidental.

En lo que toca a la corrupción de bajo nivel, lo que el gobierno chino ha conseguido es espectacular. Industrias enteras, de bebidas, de lujo de cosméticos, de regalo, de decoración, de turismo y restauración, están gravísimamente afectadas por la forma en que el gobierno está cortando el tema de los “regalos”. Un tema, que, no olvidemos, es corrupción, pero que está íntimamente entrelazado con lo cultural. No es fácil lo que se ha logrado en un par de años.

En la corrupción de alto nivel hay también un fuerte componente cultural. El halo que se atribuye a descendientes de fundadores del régimen es casi religioso en un país con la religión reducida y mucha superstición. Un “descendiente de”, o “pariente de” puede ser un valioso florero que, aunque no tenga poder alguno baste para subrayar el del que utiliza ese jarrón para acentuar el propio. Así, por ejemplo, el otro día podíamos leer una entrevista a un descendiente de los Habsburgo de Austria, que mal no debe vivir, o incluso sé que hay descendientes de Cristóbal Colón mamando todavía de esa ubre.  Los hijosdalgo prefieren chupar del frasco de su apellido que trabajar.

Es decir, ese tráfico de influencias, ciertamente, a veces no se produce de forma tan directa. No hay una causa-efecto tan fácil de sacar entre que su pariente haya hecho algo en su apoyo de forma directa. Es casi una superstición de un apellido de la que se aprovechan los que lo tienen. Conozco personalmente al nieto de un presidente de país occidental haciendo muy buenos negocios por China. No es porque su antecedente (ya fallecido) le ayude. Solo porque para otros es cool tener en plantilla o cerca ese apellido. Somos así de estúpidos.  Esta gente de apellido ilustre, dadas las circunstancias, hace bien en aprovechar nuestra estupidez para lucrarse. Eso es lo que sucede en algunos casos, hasta la hipérbole, también en China. No es que el presidente ayude o deje de ayudar. Basta con ser su sobrino y dedicarse a vivir de ese cuento con habilidad para montárselo bien. Si me apellidara Borbón, me irían mejor los negocios en China sin que para ello tuviera que tuviera que mover un dedo Juan Carlos. Nos han pedido incluso meter fotos de la Casa Real en alguna web sin que venga a cuento. La meritocracia a medias de los sistemas se ve tremendamente distorsionada por este tipo de cosas.

Esto no niega la mayor de casos de corrupción. Pero si antes comentaba que el gobierno está atacando de forma intensa la corrupción de baja intensidad, la del “regalo”, la de alta intensidad aparece vía casos como el de Bo Xilai y otros. En Occidente nos gusta venderlos como meros chivos expiatorios, como si no significaran sino ajustes de cuentas entre la mafia en el poder.

China no puede hacer su progreso del estado de salvajismo tercermundista sin gobierno de las leyes al de ser un país puramente desarrollado en dos telediarios. En el camino hay muchas piedras que salvar. Los diferentes escándalos y la forma en que el gobierno chino va dando respuesta y progresando no son un síntoma de su debilidad y vulnerabilidad. Son prueba de su fortaleza. El sistema chino tiene un largo camino que andar y avanza viento en popa en la dirección correcta. Podría caer, como es lógico, pero tiene también muchas posibilidades de resistir y seguir asombrando al mundo durante mucho tiempo.

18 enero, 2014 | 08:36

Aunque los extranjeros nos regimos por el calendario “occidental” (1 de enero a 31 de diciembre) en China pesa mucho más el ciclo que media entre sus años nuevos, que se produce unas semanas después. En estos días estamos con cenas de Año Nuevo en China y las empresas agasajan a proveedores, clientes, o empleados, con un pequeño sobre rojo (hongbao) o algún otro detalle.

Muchos proyectos personales y empresariales comenzarán tras el año nuevo chino, cuando en plena cuesta de enero los motores han arrancado ya en Europa y se está llegando al pleno rendimiento. Se produce una disfuncionalidad importante que las empresas que operan en ambos mercados deben lidiar. Bajadas de actividad en muchos sectores, parada parcial o total de máquinas que para empresas en ambos mercados suponen un coste a equilibrar. Para organizaciones relativamente nuevas estas paradas son un importante agujero.

No se puede modificar el calendario porque suponga un coste empresarial. Acompasar a nivel mundial las fiestas sería bastante absurdo, aunque parece que va llegando de forma natural cierta imposición cultural de lo que hacemos en occidente. No cabe sino adaptarse y gestionar este “problema”.

Es de suponer que muchas empresas consolidadas han conseguido cierta madurez en la gestionarlo para que la actividad no se muera de diciembre a prácticamente marzo. El desastre de que eso suceda puede llegar a tener un impacto irreversible.

Algunas disfuncionalidades derivadas del calendario desacompasado suelen ser:  relajación de actividades en ambos periodos vacacionales (chino y español) duplicando de facto las temporadas de baja actividad, sobre-explotación de los “jefes”, que aprovechan vacaciones en un lado para trabajar en el otro (lo que también hacen con la diferencia horaria), incapacidad para reconocer bien ambas fechas haciendo sentir cómodos a unos y a otros si el personal es mixto.

Un problema suele ser la frustración e incomprensión que se sufre o protagoniza cuando hay proyectos en marcha. En España no se suele entender el parón de 10 días que tendremos en breve en China y los chinos suelen vernos como vagos entre el 24 y el 31 de diciembre. Es complicado de gestionar a nivel de comunicación.

La parada en China es algo más radical. En España las personas pueden mantener cierta atención parcial a algunos asuntos y no es raro trabajar los días del 26 al 31 de diciembre, lo que hace más liviano el asunto. En China, muchas empresas sencillamente cierran del todo.

Para los que están solo en uno de los dos lados, o bien en China o en España, el impacto es aún mayor porque va a costar más mantener encendida la llama de los proyectos en marcha durante esos periodos. Sin embargo, con recursos a ambos lados pueden reequilibrarse las cargas de forma que estos periodos no hagan perder comba haciendo a la empresa más resistente ante esta vulnerabilidad. Es en estos periodos donde, aquellos que tienen la actividad más repartida, pueden aprovechar para ganar algunos metros. Cada cual, con su librillo porque no parece haber un manua para optimizar, o perder el mínimo gas posible, con este reto en el calendario.

02 enero, 2014 | 21:25

Eric X. Li presenta una visión de Mao que se defiende en ciertos círculos en China. Entender la figura de Mao es fundamental para entender el estado actual de las cosas en China. Como sería, salvando las grandes distancias, De Gaulle para Francia. O como sería preciso entender el paso de Franco por España para conocer el porqué de algunas de las cosas que suceden.
El autor reconoce los "cimientos" construidos en tiempos de Mao: "la historia del mundo no es más que la biografía de los grandes hombres".

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En estos días China celebra el 120º aniversario del nacimiento del padre fundador de la República Popular - el Presidente Mao Zedong. Nadie reviste mayor importancia en el relato de la China moderna. A medida que la nación continúa su ascenso para reclamar su posición como gran potencia, el legado de Mao es fundamental para su percepción por los ojos del mundo. El juicio definitivo dictado por la historia, si tal cosa es posible para un hombre de su importancia y complejidad, se mantiene lejano en el horizonte. Pero para comprender el estado de la China contemporánea y sus relaciones con el mundo, deben abordarse algunos conceptos erróneos fundamentales.

En Occidente, la narrativa convencional es que los 30 primeros años de la República Popular bajo el liderazgo de Mao fueron un desastre sin paliativos y el partido-Estado sólo fue capaz de salvarse a sí mismo repudiando su gobierno ideológico y llevando el país en una dirección opuesta.

Pero esto es falso. Muchos dividen los 64 años de liderazgo del partido en dos períodos de treinta años: el primero de 1949 a 1979, en su mayor parte bajo Mao, y el segundo de 1979 hasta el presente, iniciado con las drásticas reformas de Deng Xiaoping. Sin duda, las reformas de Deng corrigieron muchos errores de las políticas anteriores y proporcionaron éxitos enormes. Alrededor de 650 millones de personas han salido de la pobreza en una generación y el país pasó de una economía agraria pobre a ser una de las más prominentes potencias industriales del mundo.

Pero sin los cimientos constructivos de los 30 primeros años no habrían sido posibles los logros de los 30 segundos años. En los primeros, el Partido Comunista de China bajo el timón de Mao utilizó su autoridad política centralizada para movilizar los limitados recursos nacionales y construyó las infraestructuras industriales y humanas básicas de una nación moderna. Unas cuantas estadísticas demuestran la importancia de ese período. En 1949, la infraestructura industrial era insignificante. Salvo en pequeñas áreas urbanas, la disponibilidad de energía eléctrica era casi nula. La tasa de alfabetización era del 20 por ciento. La vacunación era prácticamente inexistente y el promedio de esperanza de vida era de 41 años.

En 1979, vísperas de las reformas de Deng, China había construido el marco de las infraestructuras industriales básicas, aunque aún muy limitado. Extensas redes nacionales y locales con cerca de 10.000 presas hidroeléctricas de nueva construcción aumentaron la cobertura de electricidad a más del 60 por ciento, incluso en las áreas rurales más pobres (ahora es casi del 100 por ciento). La tasa de alfabetización alcanzó un asombroso 66 por ciento con, muy significante, sobre el 80 por ciento de la juventud - entre los más altos de los países pobres en desarrollo (ahora es del 92 por ciento). Cientos de millones de personas fueron vacunadas, casi el 100 por cien de los niños de un año de edad, y el promedio de esperanza de vida alcanzó los 65 años (ahora 74 años). De hecho, en 1978, el índice de desarrollo humano de China ya se estaba acercando al de los países desarrollados mucho más ricos (PNUD, Informe de 1990 sobre Desarrollo Humano).

Una población aún pobre pero relativamente educada y saludable, con una infraestructura básica, constituía el escenario para el milagroso despegue del país. Y todo esto se logró con muy pocos recursos, bajo un embargo internacional. Ciertamente, ocurrieron desastres no mitigados, tal como el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural, pero definir como tal el período completo sería manifiestamente erróneo.

La más importante herencia política de Mao fue la independencia nacional de China. Tras un siglo de interminables conflictos civiles y desmembramientos en manos de agresores extranjeros, el establecimiento y consolidación de la República Popular bajo el liderazgo de Mao, puso firmemente, por fin, el destino de la nación en manos de los propios chinos. Esta aptitud permitió que, tras la Guerra Fría, China activase la globalización en sus propios términos. Muchos países en desarrollo no tuvieron tanta suerte y fueron tragados por la globalización en lugar de sacar ventaja de ella. No debe negarse que el pueblo chino pagó un alto precio por esta independencia, como los catastróficos desatinos de Mao que causaron profundos sufrimientos y graves crisis. Pero la República Popular sobrevivió. Los dividendos post-Mao han sido significativos y con toda probabilidad continuarán para las generaciones venideras.

Por último, pero no menos importante, la caracterización de Mao como un ideólogo extremista está fuera de lugar. La narrativa ampliamente aceptada en Occidente, y en cierta medida en el interior de China, es que los 30 primeros años, bajo Mao, fueron ideológicos y los 30 segundos años lanzados por Deng fueron pragmáticos. Y que esta transición de un ideología a una reforma puso a China en el camino hacia el éxito.

No hay duda de que China fue objeto de destructivos hechizos de fervor ideológico en varios puntos durante el gobierno de Mao. Pero el hecho es que Mao era un pragmático de pies a cabeza. El mundo no debe olvidar que fue Mao quien sacó a China de la dominación soviética tan pronto como a finales de los años cincuenta. Alejarse de la guía ideológica de una de una nación recién nacida que se encontraba en el cénit de su época de  superpotencia fue, como mínimo, atrevido. Pero Mao no se detuvo ahí. En el apogeo de la Guerra Fría, llegó a la separación ideológica y construyó una alianza de facto con los Estados Unidos para oponerse a los soviéticos. Esto a su vez pavimentó el camino para la vinculación de China con Occidente, que fue uno de los más fuertes impulsores de las reformas económicas de Deng.

Todos los hombres de gran impacto histórico fueron complejos y sus herencias se entremezclan. Sin embargo, nosotros deseamos ardientemente que los juicios sean poco complicados e inequívocos. Como dijo Thomas Carlyle, "la historia del mundo no es más que la biografía de los grandes hombres". por lo que juzgarles mal es juzgar mal la historia y correr el riesgo de descarriar el futuro. Mao Zedong, cuya vida ha dejado marcas indelebles en la vida de más de mil millones de personas y cambió la trayectoria del mundo, debe ser estudiado con detenimiento y consideración, no ser juzgado con moral de conveniencia.

Eric X. Li es inversor y politólogo en Shanghai. Este artículo fue publicado en el South China Morning Post el 26 de diciembre de 2013. Publicado en español con permiso de su autor

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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