Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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22 octubre, 2013 | 21:08

Desde China se vivió con expectación la gestación de la ley de emprendedores. Su promesa de permisos de residencia por 500 mil euros se supone jugosa para un buen número de extranjeros. Muchos, chinos.


La ley se publicó por fin en el BOE. ¿Ahora qué?

Las empresas que pretenden apalancarse en esta ley para dar servicios relacionados, viven aún en la incertidumbre que generan algunas dudas. En principio, al leerla, parece desprenderse que todo el que quiera comprar el piso puede entrar en un flujo de esta forma:

1) Visado de residencia para inversores. Un año.
2) Autorización de residencia para inversores. Dos años
3) Renovación de la Autorización de residencia para inversores. Dos años

Surgen varias dudas razonables sobre la propia ley:

La inversión en vivienda ¿Da derecho de residencia a cónyuges e hijos? Este asunto está en los mentideros, unos dicen que sí, otros que no, pues la ley dice “inversión de valor igual o superior a 500.000 euros por cada solicitante”. La mayor parte de la gente quiere interpretar que sí. Que si un solicitante está casado y tiene un hijo, la pareja y el hijo accederían a la autorización de residencia para inversores.
En todo caso, la lectura de este detalle no deja un margen excesivo a la tranquilidad y a recomendar sin dudas la inversión. Luego, la práctica hará más sencillo saber qué está sucediendo. Pero es complicado entrar en el primer turno para los que pretendan que el permiso se extienda a su familia.

- Tras las dos renovaciones que cita explícitamente la ley, completando un quinquenio, ¿se seguirá renovando dicha autorización de manera indefinida?, o, ¿por cuánto tiempo? La ley se para ahí. Dos renovaciones. No dice más. No dice que sí, ni que no.

Recuerda a lo que pasa en la propia China con la propiedad de las viviendas. Como no se ha llegado a 70 años, no está claro que pasará con las viviendas, que supuestamente son por 70 años.
Después, y como aún no lleva mucho tiempo aplicándose, hay muchas dudas sobre cómo deben hacerse los diferentes trámites. Por ejemplo, los visados para venir a España a ver la propiedad que se va a adquirir. No parece que estos vayan a ser tan sencillos. Con lo que, acaba siendo el Estado contra sí mismo.

A medida que pase el tiempo, se aclararán los procesos. Pero si el Gobierno de verdad busca un verdadero efecto llamada, debería clarificar estas dudas. Al parecer no es sencillo para las empresas que están intentándolo, entender y explicar bien  las ventajas de esta ley para promover la inversión inmobiliaria en nuestro país.

17 octubre, 2013 | 10:19

Venir una vez por trimestre a España en estos momentos de explosión y ebullición es una experiencia curiosa. Aunque la muestra es sesgada, tras el viaje actual volveré a China con cierto optimismo.


La cultura empresarial es una infraestructura básica. Es el software. Tenemos un hardware impresionante. Tenemos parques tecnológicos, trenes, puertos, aeropuertos. Pero nos falla el software. Y dentro del apartado software, no nos falla tanto lo que se conoce como hard skills, o habilidades académicas, sino más bien las soft skills.


Dentro de la crisis que vivimos, si se intenta observar qué está cambiando bajo nuestra piel, a mi juicio, este es el cambio más importante que estamos viviendo por fin. Era un cambio pendiente y nos falta mucho recorrido.
Se está produciendo de manera muy abrupta, brusca, como el cambio de dirección de un coche que choca contra un árbol. Se trata de un cambio a nivel de la cultura empresarial, relacionado con un cambio generacional, y que finalmente es un cambio en la gestión de las empresas.


En las empresas grandes se observan los problemas más graves. La rigidez y resistencia al cambio lleva a dificultades extremas. Siendo injusto generalizar, quedan dinosaurios y trepas que resulta imposible remover de sus puestos, y que contaminan la organización desde arriba. A veces, ves dinosaurios en la treintena, así que, que no se tome esto como un alegato basado en la edad. 


Lo que no dobla, parte. En ese lamentable estado da la impresión que viven algunas empresas grandes. Sobre todo, cuando se da una alta dependencia del mercado doméstico. Algunas, no queda más remedio, desaparecerán. Sus empleados reconocen abiertamente cuando tomas un café con ellos que saben que su empresa no es viable. Son plenamente conscientes y sencillamente se preparan para el impacto. Muchos, la mayoría, valen muchísimo profesionalmente, porque a nivel de hard skills sí tenemos un capital humano muy fuerte.


Incluso en esas empresas grandes se observa un proceso de cierta introspección y cambio cultural, impulsado por la necesidad acuciante de ser más competitivos globalmente. Empresas grandes pero todavía demasiado familiares en su gestión que por poco profesionalizada no se puede delegar en terceros y pesa mucho más la cadena de confianza que vínculos en base a eficiencia. Por tanto, no pueden escalar globalmente, no pueden abandonar nuestras fronteras. En este sentido, nos parecemos un poco a China. Y no voy a entrar a diferencias regionales que las hay y que explican muy probablemente las diferencias económicas que se dan a lo largo de nuestro país.
El melón ahora mismo está completamente abierto. Aunque el legado cultural es muchas veces rentista y de extremada aversión al riesgo, las puertas están abiertas. Tratando de evitar dietas milagro y huidas hacia delante de situaciones desesperadas, algunas se plantean abordar con mayor seriedad no ya el mercado chino, sino toda su estrategia de internacionalización.


La mayoría de profesionales con los que hablas, como digo, son plenamente conscientes de lo que hay. Incluso a alto nivel, se sienten en un barco a la deriva incapaces ante dinámicas que superan lo individual. Impotentes ante lo que parece un hundimiento inevitable. Algunas, pendientes del hilo y la amenaza del crédito bancario.


Veremos cuántas más tienen que caer. Es una pena y un derroche que una porción importante del relevo deba producirse a base de muertes y nacimientos de empresas.


En empresas medianas se encuentra una situación más favorable en este momento. Muchas son de creación relativamente reciente y tienen características que las convierten en una importante cantera.


Equipo gestor potente. En general,  se trata de personas con quince años largos de experiencia, de entre cuarenta y cincuenta años y que ha tenido experiencia internacional. Lo curioso es que muchos de los gestores proceden, precisamente, de las empresas mencionadas antes. Algunos utilizaron esos entornos decadentes para, en negativo, aprender de la experiencia.


Es la característica más importante. Personas que a nivel intelectual y empresarial tienen claros bastantes conceptos. En general, fuertes en la faceta comercial y financiera, aunque bajo el punto de vista técnico y operativo puedan tener más lagunas.


Hay bastantes gestores de mucho nivel en empresas relativamente pequeñas. Gente multitarea y sin secretaria de por medio para concertar una cita, que habla como mínimo inglés con total fluidez.

Incluso de forma directa. Son empresas que han conseguido demostrar que su producto puede funcionar más allá de España. Empresas que, antes de grandes, son internacionales. Al menos son conscientes de que Europa es teóricamente un mercado común y aprovechan este hecho.


Gestión financiera relativamente conservadora. Pero no ahora, sino incluso antes cuando había cierta alegría bancaria. Empresas con un crecimiento muy orgánico, muy poco apalancadas. Incluso, ni se molestan tanto en buscar ayudas de organismos públicos. Puedes encontrar empresas que claramente podrían haber obtenido alguna ayuda y que ni buscaron la información para obtenerla y ni les importa en absoluto cuando se lo cuentas. Para estas empresas, al Estado se le paga la factura por existir, y poco más.


En definitiva, España tiene un capital humano inmenso. Nos han fallado y siguen fallando los procesos, el fluido cultural que haga eficientes, escalables, y más productivas nuestras empresas. El cambio, parece estar dándose por fin. Mucha gente es totalmente conscientes de lo que hay. Hay empresas que sencillamente no van a poder sobrevivir y sus propios ejecutivos lo saben y te lo cuentan sin tapujos. Al menos, no pueden si no hacen cambios radicales a nivel financiero en muchos casos, pero también y sobre todo a nivel cultural. El modelo de empresa familiar tiene muchas ventajas en un primer momento pero en esta crisis ha llegado el momento de dar el salto. Lo bueno es que parece que, aunque nos está costando carísimo, se está dando.

06 octubre, 2013 | 14:34

Una de las experiencias recientes más interesantes vividas en China a nivel profesional fue la sesión con personal del departamento de seguridad alimentaria e importación de alimentos del lugar donde acabamos para obtener la food license para importar productos agroalimentarios y comercializarlos en China.


Desde que nos invitaron a la sesión voluntaria, no solo no dudé un segundo en asistir sino que ansiaba ir cuanto antes a ver qué se cocía en tal evento. No hay muchas oportunidades de asistir a eventos donde las barreras de entrada son relativamente altas ya que para tener esta licencia se nos exigió un capital registrado de 1 millón de RMB (120mil €) por empresa, entre otros requisitos. En la sesión estábamos unas 10 empresas novicias con dos representantes de cada una. Todas empresas de capital chino, incluida la empresa que yo representaba siendo el único no chino de la sesión que se llevó a cabo en la recién abierta zona de libre comercio de Pudong. Por eso sé que lo que os estoy contando en primera persona lo han vivido muy pocos extranjeros.


El ritual, también debido a su naturaleza “voluntaria”, me recordó la catequesis del niño que asistía básicamente para acabar recibiendo los regalos, la fiesta y también la integración social que supone la Primera Comunión. (No obvio al muy destacado y respetable grupo que lo hace con fe auténtica).


Sentados alrededor de una mesa imponente de madera en una sala alargada, veinte funcionarios frente a veinte súbditos. Ellos, jerárquicamente organizados desde el centro hacia los extremos. Uniformados. Nosotros, aleatoriamente sentados. Por esa deferencia al extranjero que sigue dándose a veces en China me concedieron el lugar central de la banda civil. El que recibía de frente los ojos del mandamás. Imagino que también buscaron así dotar comicidad al ambiente y suavizarlo. Estaba encantado de estar sentado frente al jefe supremo de las importaciones y seguridad alimentaria de mi zona, por quien tendrán que pasar algún día mis bombones de higo. Disfrutando la experiencia.


La sesión tuvo varias partes. Una primera presentación donde hicimos un rápido quién es quién. Se fueron presentando los funcionarios ya que representaban diferentes ramas de la cosa. Distintos departamentos. Unos relacionados con lo sanitario, otros con lo logístico, otros con lo fiscal, otros con lo legal, con lo meramente burocrático. En definitiva, todo lo que implica traer productos alimentarios a China, que no es cuestión baladí. Una especie de ventanilla única en tiempo real.


Debo decir, sin capacidad de comparar pues jamás me vi en parecida situación en España, que la pulcritud y organización del proceso me pareció perfecta de principio a fin. De quitarse el sombrero ante la burocracia china. Si todo lo institucional funciona parecido, esto es una maquinaria de relojería imparable. Sé que cuando estas cosas sostengo en base a mi todavía corta experiencia personal, los muchos que saben mucho más que me advierten: “espera y verás”.


Nos explicaron las normas generales relacionadas con la importación de comida a China. Las excepciones que como novatos no estamos autorizados a hacer de momento. Por ejemplo, no nos dejan a ninguno traer alimentos con cadena de frío y tenemos vetadas algunas carnes. Pero luego podremos, cumpliendo requisitos adicionales, ampliar nuestra área de actuación.


Destacaron la responsabilidad social, legal y ética en la que incurrimos por importar alimentos y distribuirlos en China, otro elemento que me hizo viajar de vuelta a mis catequesis de sábado por la mañana. La mención, hecha durante la revisión de la normativa, sonó solemne venida de un uniformado verde y con galones ante el imponente altar que era esa mesa donde también se podría grabar el mítico anuncio del pronto y el paño. (Como no pude sacar fotos, os invito a que os lo imaginéis así).


En realidad, pensé que ojalá en España también se haga un discurso de este tipo a los que piden una licencia para vender alimentos. Lo desconozco, repito. Tal vez se hace algo similar. O para cualquier cosa. Subrayar que las empresas no son sino concesionarias de servicios sociales es positivo.


Repasaron también cómo pueden ayudar los departamentos del gobierno a que el proceso se haga correctamente. Hablaron de temas más mundanos de papeleo (si se tiene el almacén fuera de su aduana en zona franca o dentro del país, qué papel hay que rellenar si se importa confitería o marisco…) donde desconecté y descansé un rato.

 

Desperté cuando enlazaron el discurso con el último Plan Quinquenal. ¿Plan Quinquenal? Este caramba me sacó del sopor. El funcionario que manejaba la charla en ese momento explicó cómo las actuaciones están relacionadas y derivan del Plan Quinquenal de China y cuáles eran los objetivos políticos que se cubrían de crecimiento económico y desarrollo del país, relativos a nuestra actividad. Un contenido político en el discurso que, admito, no me chirrió en absoluto. Por el contrario, me pareció lógico y que venía a cuento. En China, el alineamiento que se produce bajo las métricas del Plan Quinquenal en las capas inferiores es un fenómeno espectacular, digno de estudio y que tal vez explica parcialmente su trayectoria reciente. Cuando digo aquí reciente me refiero a los últimos treinta años.


Nos hicieron advertencias claras, incluso duras, sobre las implicaciones que tiene importar para vender alimentos. Alguna cayó con el funcionario de turno mirándome a los ojos. Sabedor él de mi entendimiento parcial de su verbo.


Acabado el turno estatal, las empresas hicimos ronda informativa. Minuto y marcador empresa por empresa comentando quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos con los productos que pretendemos importar. Dónde y cómo los pensamos almacenar, y de qué países los vamos a traer. En esta fase, el hierro de la sesión y la solemnidad, fue bajando a niveles de cierta informalidad superficial e incluso algún chascarrillo ya cuando me tocó hablar en el nivel de chino que tengo, que me decora menos de lo que quisiera.


Finalmente, y no antes de que el líder de la sesión ordenara romper filas, se llevaron a cabo los clásicos corrillos y el intercambio de tarjetas habitual. Allí  ya funcionarios y ciudadanos departimos sin barreras físicas y con la distancia jerárquica menos visible.


Un par de semana después recibimos nuestra “food license”. Así acabó el sacramento por el que podemos cumplir nuestra labor social de mejorar la alimentación de China. Todos, supongo, tomamos nota de lo que allí sucedió.

 

 

 

Nota: No sé, realmente, hasta qué punto podré narrar en primera persona las experiencias futuras que se relacionen con esta actividad, pues por desgracia, al blog solo puedo traer de vez en cuando contenidos que no se relacionan de forma directa con proyectos concretos. Por eso, conviene recordar que se trata de un contenido no periodísitico y sin metodología periodística. Solo pretende ser un relato subjetivo de experiencias personales. Nada más.

04 octubre, 2013 | 12:33

El efecto llamada que se está produciendo sobre China, fundado en bases ciertas de una economía grande y creciente, tiene consecuencias negativas sobre casos reales de toma de riesgos sin cautela.

Desde España vemos China con un sesgo hacia el lado de la oferta. Creyendo universal el gusto por "lo bueno" y dando por desabastecido el mercado, sin pararse mucho a mirar las circunstancias de mercado al que nos referimos en un momento dado asumimos que su tamaño y crecimiento le permite absorver todo lo que se le ofrezca. Como si el mercado chino fuera una esponja gigantesca con una capacidad ilimitada de engullirlo todo.

La realidad, por desgracia, dista mucho de esta hipótesis de mercado desabastecido y a la espera de que nuestros productos maravillosos entren. Muy por el contrario, la hostilidad del mercado hacia nuevos entrantes es manifiesta. Y son ya muchos los caidos incluso tras desembarcos bien pensados y financiados.

Si una cosa destaca en este sentido, es que son necesarios importantes recursos financieros para llevar un proyecto a medio plazo. El corto plazo es peligroso y lo normal es necesitar esfuerzos de muchos meses y años para tener un hueco en el mercado. Es un esfuerzo inversor para el que, a veces, nuestras pymes no están preparadas. Otras veces, afortunadamente, sí. En general, la financiación de un proyecto de crecimiento, sujeto necesariamente a un vaivén inicial en sus flujos de caja, requiere de una solidez financiera en sus empresas nodrizas destacable. Sin embargo, lo escuálido de nuestro tejido empresarial a nivel de pymes sumado a los cortes que en líneas de financiación se están produciendo en algunos casos, hace muy difícil que se pueda abordar con alguna garantía de éxito el mercado chino.

Por ejemplo, de cara a entrar en China en base a comercio electrónico, la propuesta donde trabajamos, y trabajan más empresas, es necesario liberar recursos por valor de unos 70mil euros más el coste de las mercancías. Pongamos, unos 100mil euros para las actuaciones de un año. Y hablamos ya de proyectos austeros de actuación que para cumplir sus fines habrán de medir mucho en su ejecución.

Plantearse proyectos en China in disponer de los recursos, o pretender que un comercial-ejecutor con un móvil y una oficina virtual en un Regus podrá levantar el mercado, es apostar. Jugársela. Pudiera salir bien la jugada por chiripa, pero lo más normal es que sea un esfuerzo vano.

Las pymes que mejor afrontan el reto internacionalizador en el mercado chino tienen, en general,ya líneas de negocio rentables en otros países y una salud empresarial destacable a nivel general. Es esa tranquilidad en la que se pueden apoyar para llevar a cabo el esfuezo de entrada en China. Tranquilidad financiera y algún tipo de ventaja competitiva que se puede transferir al nuevo mercado.

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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