Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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01 febrero , 2013 | 20 : 08

Tocqueville en El País del Medio (por David Gosset)

Según el artículo, si Alexis de Tocqueville hubiera encontrado en la China actual una fuente de importante estímulo intelectual. "debería considerarlo como una gran desgracia para la humanidad si la libertad fuera a existir en todo el mundo bajo las mismas formas". 

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El Antiguo Régimen y la Revolución (1856), escrito por el pensador francés Alexis de Tocqueville (1805-1859), es ahora un éxito de ventas en China, un fenómeno que puede explicarse, al menos, por tres razones obvias.

En primer lugar, el libro publicado bajo Napoleón III es la segunda obra maestra de un "genio de la percepción", "una inteligencia organizada para la penetración intelectual casi perpetua", en palabras de Joseph Epstein. El filósofo político germano-estadounidense Leo Strauss, acerca de de su primera obra maestra La democracia en América (1835) comentó que "jamás se ha producido después ningún libro comparable en amplitud y profundidad".

En segundo lugar, si el Antiguo Régimen y la Revolución es uno de los mayores análisis de un acontecimiento histórico clave, la Revolución Francesa, también contiene sabiduría intemporal. Mientras una gran cantidad de literatura pretende anticipar el estado futuro del mundo, la lucidez de  Tocqueville es sobria: "Los filósofos y estadistas pueden aprender una valiosa lección de modestia de la historia de nuestra Revolución, porque nunca hubo eventos mayores, mejor preparados, más maduros, y sin embargo, tan poco previstos"(libro I, cap. 1).

En tercer lugar, algunas observaciones del Antiguo Régimen tienen para los lectores chinos de hoy en día un cierto grado de relevancia. En el capítulo de la relativa prosperidad económica del reinado de Luis XVI, Tocqueville nos recuerda que "las revoluciones no siempre son provocadas por una gradual disminución de mal en peor", y, establece también que, "Aunque el rey utilizó el lenguaje de un maestro, en realidad era el esclavo de la opinión pública"(Libro III, cap. 4).

Sin embargo, sería erróneo - y ciertamente no Tocquevilliano - inferir de estas aparentes similitudes que China estaría al borde de grandes convulsiones políticas.

Siguiendo los pasos de Aristóteles y Montesquieu, Tocqueville, siendo plenamente consciente de la importancia de los contextos histórico-culturales, para concluir su investigación sobre las causas de la Revolución Francesa se refiere a la singularidad del país que la generó: "Cuando examino esa nación en sí, no puedo evitar el pensamiento de que es más extraordinaria que ninguno de los eventos de su historia "(Libro III, cap. 8).

Aún más importante, las características que rodean la ruptura socio-política, que es la materia del Antiguo Régimen, sólo tienen una resonancia superficial en la China posterior a Deng Xiaoping, no son precursoras de cataclismos venideros sino que funcionan como un marco para comprender mejor el pasado reciente de China.

Tocqueville no era el mero reportero de las subidas y bajadas de las vicisitudes políticas, conceptualizó la transición entre dos mundos, la caída de los valores aristocráticos y el aumento de la igualdad, una profunda transformación cuya dramática dinámica ha sido bellamente captada por Leopard (El Gatopardo) de Lampedusa.

Lo que, en su prefacio al Antiguo Régimen, Tocqueville llamó las "tres verdades", ofrece una retrospectiva de la China del siglo XX. La China republicana sin duda ha sido testigo de la destrucción de la aristocracia china - la primera "verdad" - y del establecimiento de la igualdad de condiciones entre los individuos, que es la marca de una sociedad democrática.

Pero las otras dos "verdades" que coexisten con la inevitabilidad de la ruina de la aristocracia, se manifestaron asimismo en el entorno chino: sin aristocracias el despotismo se impone con mayor facilidad, y el "despotismo nunca puede ser tan dañino" como en sociedades de esta naturaleza. 

En el Antiguo Régimen, Tocqueville advirtió: "No vacilo en afirmar que el nivel normal de los corazones y las mentes nunca podrá caer tan bajo como cuando se combinan la igualdad y el despotismo". Teorizó aquello en que, en el contexto chino, se convertiría la tragedia de la revolución cultural, el despotismo sin control sobre los individuos iguales pero aislados, el mandato de un emperador sin la jerarquía imperial, los ritos y costumbres para canalizar y moderar su dominio.

Si bien en El País del Medio la actual popularidad del Antiguo Régimen no debe interpretarse como la inminencia de una nueva revolución china, no hay que dejar de reflexionar en medio de una globalización ecualizadora sobre las mejores maneras de preservar la libertad.

Tocqueville entendió los principios y las consecuencias de una era democrática, se ajustó a un mundo donde "todo cambia pero nada se diferencia", pero vivía con la nostalgia de los valores aristocráticos, con un anhelo conmovedor por un mundo en el que "nada cambia, pero todo es diferente . "

En La democracia en América, mientras describe el nuevo pero monótono espectáculo de la homogeneidad social, sigue afirmando su preferencia por la diferencia: "Estoy muy lejos de pensar que debemos seguir el ejemplo de la democracia norteamericana, y copiar los medios que se han empleado para alcanzar sus objetivos... debería considerarlo como una gran desgracia para la humanidad si la libertad fuera a existir en todo el mundo bajo las mismas formas "(libro 1, cap. 17).

Cuando el El País del Medio se encuentra atraído por la incisividad de Tocqueville, no hay duda de que los esfuerzos de la China del siglo XXI por inventar nuevas formas de modernidad política hubieran sido para el aristócrata francés una fuente extraordinaria de estimulación intelectual.

David Gosset es director de la Academia Europaea Sínica en el China Europe International Business School (CEIBS) de Shanghai, Beijing y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

Comentarios

Julián Gutiérrez

Desde cualquier punto de vista, geográfico o temporal que se lea a Tocqueville, la lectura será siempre muy sugerente y subjetiva. Es o que tienen las obras maestras. Recomiendo esta lectura en español de “La Democracia en América”: http://archivosociologico.files.wordpress.com/2009/08/tocqueville-alexis-de-la-democracia-en-america.pdf
Allí mete una perla en la que dudo si resalta más la malaleche española o la malababa angloamericana (pág. 388):

“Los españoles, con ayuda de monstruosidades sin ejemplo, cubriéndose de una vergüenza imborrable, no pudieron lograr exterminar la raza india, ni siquiera impedirle compartir sus derechos; los americanos de los Estados Unidos han alcanzado ese doble resultado con una maravillosa facilidad, tranquilamente, legalmente, filantrópicamente, sin derramar sangre, sin violar uno solo de los grandes principios de la moral (29) a los ojos del mundo. No se podría destruir a los hombres respetando mejor las leyes de la Humanidad.

Julián Gutiérrez

En la versión en español de La Democracia en América, que cité en mi anterior comentario: http://archivosociologico.files.wordpress.com/2009/08/tocqueville-alexis-de-la-democracia-en-america.pdf
Además del párrafo (págs. 369/370) que se subraya en el encabezamiento de este artículo, hay algunas referencias a China que merece la pena revisar.

Pág.97 “La centralización logra fácilmente, es verdad, someter las acciones del hombre a una cierta uniformidad que acaban por querer por sí misma, independientemente de las cosas a las que se aplica; como esos devotos que adoran la estatua olvidando la divinidad que representa. La centralización logra sin esfuerzo imprimir una marcha regular a los negocios corrientes; dirigir eficazmente los pormenores de la política social; reprimir los ligeros desórdenes y los pequeños delitos; mantener la sociedad en un statu quo que no es propiamente ni decadencia ni progreso; mantener en el cuerpo social una especie de somnolencia administrativa que los administradores tienen costumbre de llamar buen orden y tranquilidad pública” (50).
(50) “China me parece ofrecer el más perfecto emblema de la suerte del bienestar social que puede proporcionar una administración muy descentralizada a los pueblos que se someten a ella. Los viajeros nos dicen que los chinos tienen tranquilidad sin felicidad, industria sin progreso, estabilidad sin fuerza, y orden material sin moralidad pública. Entre ellos, la sociedad marcha siempre bastante bien, pero nunca muy bien. Imagino que cuando China quede abierta a los europeos, éstos encontrarán allí el más bello modelo de centralización administrativa que existe en el universo.”

"ALEXIS DE TOCQUEVILLE ¡1835! 60 a.d. MAO"

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