Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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25 junio, 2012 | 07:46

Las obligaciones profesionales han hecho inviable recientemente el acercamiento a esta página con la frecuencia que sería de desear. Es una pena que, por confidencialidad profesional, no se puedan compartir vivencias interesantes por China.

Regresamos con otro análisis de David Gosset. En este texto, Gosset se plantea, seguramente dentro de la dialéctica de "amenaza china como profecía autocumplida", la oportunidad del reciente giro a Asia por parte de Estados Unidos.

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Hace 13 años, Andrew W. Marshall, el más influyente estratega del Pentágono, avaló el informe "Asia 2025" en el que el escenario de sinergias sino-estadounidenses ni siquiera fue considerado: Una China estable y poderosa será un desafío constante al status quo en el Este de Asia, una China inestable y relativamente débil podría ser peligrosa porque sus líderes podrían tratar de reforzar su poder con el aventurismo militar fuera de sus fronteras.

El trágico ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001, modificó la orientación de la política exterior de Estados Unidos durante una década, pero a medida que Washington sale de Irak y prepara la retirada del atolladero afgano, resurge la evaluación de Marshall sobre China y ofrece la base fundamental para el gran "giro a Asia"  de Barack Obama.

Si el razonamiento de Marshall fue tomado en serio por la gran mayoría de los analistas de Estados Unidos, cuando el PIB de China representaba sólo el 10% del producto interno estadounidense, tiene ciertamente una nueva resonancia en una situación en que la economía china se ha convertido en la mitad de la economía estadounidense . 

Sin embargo, la "vuelta a Asia" estadounidense, asumiendo que los principales desafíos a la seguridad nacional de los EE.UU. provienen de factores externos y no de deficiencias internas, puede ilustrar lo que Andrew J. Bacevich llama "nuevo militarismo estadounidense" pero no necesariamente sirve a los intereses a largo plazo del mundo occidental. Una desviación de lo que realmente importa, la solidez de las condiciones internas, es un lamentable corolario de esta política, "no es solo por la rapidez o la extensión de la conquista por lo que se debe estimar la grandeza de Roma", escribió Edward Gibbon en su Historia de la Decadencia y Caída del Imperio Romano, "sino que el firme edificio de poder romano fue elevado y conservado por las viejas sabidurías... el principio general de gobernación era sensato, sencillo y benefactor" 

La crisis financiera mundial, causada por la arrogancia de Wall Street y una adicción nacional al crédito, ha acelerado la subida relativa de Pekín y adelantado en una década el que la economía china supere realmente el PIB de EE.UU., la última encuesta del Pew Global Attitudes Project llega a la conclusión de que China ya se percibe como la principal economía del mundo.

Según el Instituto, asentado en Washington DC, los puntos de vista sobre el equilibrio del poder económico han cambiado drásticamente en los últimos cuatro años: en 2008, antes de la quiebra de Lehman Brothers, el 45% de los encuestados mencionaba a los EE.UU. como superpotencia económica del mundo, mientras que el 22% mencionaba a China; en la actualidad, el 36% se refieren a los EE.UU. pero el 42% creen que China es la número uno. 

A pesar de la penetrante vituperación contra China, la burda tergiversación de la sociedad china y la diferencia entre los instrumentos estadounidense y chino de poder blando, es notable observar que en la percepción pública global los EE.UU. no lideran el mundo, al menos en el campo de los asuntos económicos. 

En términos más generales, China demuestra una habilidad única para moverse en un mundo de paradojas, donde la multipolaridad es concomitante con la interdependencia. En este entorno sin precedentes, la relevancia de la espectacular "vuelta a Asia" americana puede ser cuestionada, pero esta doctrina sin duda pone de relieve el evidente contraste entre una polarizada visión americana, en la que Pekín se enmarca como un poder a contener, y una China del siglo XXI que opera más allá de una excluyente oposición Este-Oeste. 

Antes de que el presidente de los EE.UU. Harry Truman organizara la contención de la URSS, George Kennan escribió en su famoso Telegrama Largo de 1946 que el estalinista Moscú "todavía vive en el antagónico cerco capitalista con lo que a la larga no puede haber una permanente convivencia pacífica". Si la estadounidense “vuelta a Asia" parte de la hipótesis de que Pekín podría optar por una postura antagónica, calcula mal las intenciones de Pekín, dado que el fondo y la extrema delicadeza de la estrategia global de Pekín es, precisamente, mantener la no confrontación. 

Por otra parte, el progreso socio-económico de China no debe considerarse como un amenazador desarrollo a confinar, el resurgimiento de China no debilita a los aliados asiáticos de Estados Unidos, sino que les ofrece fuentes adicionales de crecimiento. 

El año pasado, mientras el comercio entre China y Japón llegó a 342.000 millones dólares, los intercambios comerciales China-ASEAN aumentaron hasta los 362.000 millones de dólares. Los vínculos económicos de China  con Asia Central van en aumento y su comercio con Rusia y la India se aproximarán a los 100.000 millones de dólares en 2015.

Las incertidumbres en la economía mundial y la persistente turbulencia en la zona del euro han impulsado al noreste de Asia hacia un reequilibrio colectivo y a la diversificación, pero esta importante redefinición de los flujos comerciales y financieros no obedece a ningún esquema planificado  dirigido hacia algún adversario, sino que es, simplemente, una reacción a las deficiencias económicas occidentales.

China, Japón y Corea del Sur han acordado promover el uso de sus reservas de divisas para invertir en bonos de los gobiernos de cada otro. Los tres países, que representan el 70% del PIB asiático,  también se están moviendo hacia el establecimiento de una zona trilátera de libre comercio. Pekín y Seúl ya han anunciado el lanzamiento de negociaciones de zona de libre comercio (FTA) que se espera que se completen antes de finales de 2014. China y Japón han comenzado la comercialización directa de sus monedas en una política que refuerza los lazos comerciales entre dos economías más grandes de Asia.

Las nuevas dinámicas del Noreste Asiático también rediseñan el paisaje del Sudeste Asiático. Junto con los 10 miembros de la ASEAN, China, Japón y Corea del Sur acordaron, con ocasión de la 45ª Reunión Anual del Banco Asiático de Desarrollo, ampliar una red regional de liquidez asegurada, duplicando el acuerdo de multilateralidad de la iniciativa Chiang Mai a 240.000 millones de dólares. 

Los altamente endeudados EE.UU. - más del 100% de su PIB y en camino de sumar en los próximos 5 años tres veces más deuda que la eurozona - prefieren crear las condiciones para la bipolarización de la región Asia-Pacífico veinte años después del final de la Guerra Fría, pero en lugar de un "giro a Asia", los EE.UU. deberían haber concebido un nuevo enfoque de la economía estadounidense, la verdadera amenaza a largo plazo para la seguridad nacional estadounidense, y más allá, un replanteamiento con los líderes europeos de las relaciones atlánticas. 

Sustancialmente, mientras que la China contemporánea ha aprendido a convivir con el oeste y sigue utilizándolo como catalizador para la renovación de su antigua civilización, Occidente aún no ha aceptado plenamente la realidad de una modernidad sui generis china que marca el límite de su expansión global. 

Al aferrarse a la noción de que "o son como nosotros o están contra nosotros", mientras la tradicional sabiduría china ha preparado el País del Medio para rehuir de esa dualística mentalidad, Occidente corre el riesgo de quedar aislado en una obsoleta visión del mundo.

En un contexto chino, la gestión, la gobernanza y, en general, la visión de las relaciones internacionales, están profundamente influenciadas por el "Tao de la Centralidad", una filosofía y una práctica cuyo objetivo es equilibrar los opuestos y mediar entre fuerzas contradictorias. La inteligencia de la centralidad - zhong – presupone fuerzas contrarias pero que, dado que apuntan al equilibrio y la armonía, superan la lógica de la oposición excluyente. La grandeza del "Tao de la Centralidad" no estaría en una victoria de Oriente contra Occidente sino en su mutua nutrición.

En una aldea global donde la dominación absoluta de una potencia sobre las demás se ha vuelto imposible, y donde la interdependencia ha aumentado considerablemente el precio de las tensiones, el "Tao de la Centralidad", es una poderosa fuente de eficacia. 

Una declaración repetitivamente atribuida al emperador francés Napoleón Bonaparte, que probablemente nunca profirió, se ha convertido en un engañoso cliché: "Cuando China despierte, el mundo temblará". Sin embargo, China ni una fuerza revolucionaria, ni un poder intoxicado por alguna nietzscheana voluntad de dar forma a un nuevo orden global. 

Mientras que, en las inequívocas palabras del Secretario de Defensa de los EE.UU., Leon Panetta, en el Shangri-La Dialogue "Todos los servicios militares de los Estados Unidos están centrados en la ejecución de la guía del presidente para poner Asia-Pacífico en una prioridad superior", China se concentra en su transformación interna y, gradualmente, pacíficamente, recuperar su centralidad. 

Aunque el contraproducente "giro a Asia" complica las relaciones entre China y Occidente, no es demasiado tarde para que Occidente aprehenda con sabiduría el renacimiento de China, ello no sólo contribuiría a su revitalización, sino que también llevaría el sistema global a una era de cooperación y prosperidad sin precedentes.


David Gosset es director del Centro Euro-China de Relaciones Internacionales y Negocios CEIBS, Shanghai, Pekín y Accra, y fundador del Foro Euro-China.

(Copyright 2012 David Gosset.)

 

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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