Nuevo papel de China en la construcción de Europa (por David Gosset)
En este nuevo artículo, David Gosset reflexiona sobre el gran factor externo que ha influido la construcción europea, Estados Unidos, en sus momentos más críticos. Ahora que Europa se enfrenta con la crisis del euro a otro momento crucial, China podría cobrar un papel protagonista de influencia externa en la construcción europea.
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La redistribución del poder global modifica las relaciones entre las grandes potencias y les invita a reconsiderar sus prioridades diplomáticas. Mientras que en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, el futuro de Europa ha sido modelado de forma proactiva por los EE.UU., o más precisamente, por un grupo de estadounidenses "sabios", China está ahora en condiciones de tener un impacto sin precedentes sobre la integración europea, y, a medida que Pekín desarrolla por completo su inmenso potencial y se convierte en la mayor economía del mundo en la próxima década, su capacidad de influencia sin duda crecerá.
En este contexto rápidamente cambiante, los líderes de la Unión Europea y China deben reconsiderar la importancia de los vínculos trans-Euroasiáticos y abrir un nuevo capítulo en las relaciones entre dos de las civilizaciones más antiguas del mundo. El grado, así como los medios de la acción de China en Europa, compatible con las necesidades internas del país más grande del mundo en desarrollo y acorde con los principios tradicionales chinos de política exterior tendrá que ser seriamente discutido por las autoridades de Pekín. Al mismo tiempo, la realización y la mera evaluación de la capacidad de la nueva China para influir ocupará más espacio en los debates públicos europeos, y se convertirá en materia de campañas políticas.
Con un intercambio comercial de bienes y servicios que alcanzó los 432 mil millones de euros en 2010, la Unión Europea y China forman el segundo ámbito de cooperación económica más grande del mundo. Este nivel de interdependencia económica se ha logrado en un período muy corto de tiempo y a pesar de la gran muralla de desconfianza que separa dos sociedades que han evolucionado de manera independiente desde hace milenios. Y, como la velocidad del cambio cuantitativo supera el ritmo de la transformación cualitativa, se necesitará tiempo para reducir la brecha entre comercio y confianza.
Obviamente, es la creencia del pueblo chino en su renacimiento la que condiciona su éxito, y, de forma similar, la fe de los europeos en la renovación de Europa determinará su resultado. Sin embargo, al mismo tiempo que la confianza sigue siendo la fuerza interna más poderosa, la confianza mutua la refuerza, y bajo esta perspectiva ambas partes deben no pasar por alto lo que la confianza mutua puede aportar a los dos polos de la civilización y, más allá, al mundo.
El renacimiento de China debe ser visto por Europa como una fuente de sinergias. A nivel operativo, es hora de que los políticos europeos construyan mecanismos para facilitar las inversiones chinas en la Unión Europea - China va a invertir en el extranjero más de 1 billón de dólares hasta el 2020 - para garantizar el estatuto de economía de mercado a China - que será, de todos modos, concedido a Pekín bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio desde el 11 de diciembre 2016 - para levantar un embargo inoportuno y contraproducente de venta de armas, consultar sistemáticamente a China en asuntos de seguridad - Oriente Medio, o proliferación nuclear - y poner en práctica una ambiciosa colaboración sino-europea en terceros países -. De África a Asia Central.
Durante décadas, Occidente ha cuestionado el sistema político chino y su capacidad para traer progreso socio-económico para el pueblo chino, pero, en un giro sorprendente, mientras que la crisis financiera de 2008 expuso la hibris (desmesura) occidental, los analistas chinos están tratando de evaluar la naturaleza y la importancia de la Occupy Wall Street o las protestas de indignados. En 2011, los medios de comunicación chinos, su academia y think-tanks han expresado serias preocupaciones sobre la viabilidad del proyecto europeo y la efectividad del liderazgo de la UE.
La confianza mutua se desarrollará a medida que Europa se esfuerza por comprender mejor las características específicas de la gobernanza de China y que China aprecia la complejidad de las interacciones entre la Unión Europea y sus 27 miembros. La historia de la construcción europea ha constado de una serie de decisiones colectivas tomadas frente a crisis, y, cuando inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, Europa Occidental tuvo que encontrar el camino hacia la reconciliación y enfrentarse a los desafíos de la Guerra Fría, entró en el primer momento de su integración política. Por un acuerdo en dos tratados fundamentales - los Tratados de París y Roma - que dio lugar a la creación de la Comunidad Europea, Francia, Alemania Occidental, Italia y el Benelux comenzó un experimento político sin precedentes, la integración pacífica de Estados Nacionales soberanos e independientes.
En esta etapa inicial de la integración europea, donde Monnet, Schuman, Adenauer, Spaak o De Gasperi, padres fundadores de Europa, demostraron notable visión y coraje, EE.UU. fue el principal apoyo externo de la renovación europea. En un momento de devastación, desesperación y vacío, " Stunde null "- la hora cero, como lo llaman los alemanes - el Plan Marshall contribuyó a la recuperación económica de Europa y alentó a una mejor coordinación entre las políticas europeas - la Organización para la Cooperación Económica Europea, predecesora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) fue creada en 1948 para administrar el Plan Marshall.
En el nacimiento de la Comunidad Europea, la joven República Popular de China estaba ocupada con su Primer Plan Quinquenal (1953-1957) y la Guerra de Corea ilustraba la relación conflictiva entre Occidente y la China maoísta.
El colapso de la Unión Soviética marcó la segunda crisis que obligó al rediseño de la Europa moderna. El Tratado de Maastricht de 1992, que estableció la Unión Europea y proporcionó el marco jurídico para la unión monetaria fue la respuesta de Europa Occidental a los cambios en Moscú y la reunificación alemana. El presidente francés François Mitterrand condicionó su aceptación de una nueva Alemania a la adopción del euro por parte de Alemania. En este punto crucial de la historia de Europa el papel desempeñado por el Canciller alemán Helmut Kohl fue decisivo, y su capacidad de poner el interés europeo por encima, lo que era percibido por un gran segmento de la población alemana como su interés nacional y le valió merecer el título extraordinario de Ciudadano de Honor de Europa - sólo concedido antes a Jefes de Estado de Europa y a Jean Monnet.
Si había minado la gran estrategia soviética del estadista Mijail Gorbachov para una "casa común europea", que tenía, entre otros, el apoyo de François Mitterrand, Washington no se opuso a la creación de la Unión Europea. Sin embargo, mucho antes de la existencia del euro, la narrativa anglosajona sobre la imposibilidad de aplicar esta importante decisión política ya era muy común, para algunos no se podía ni contemplar la idea de esta empresa verdaderamente post-nacional de transferencia a una institución supranacional de uno de los principales pilares del Estado moderno, su moneda. Desde 1 de enero de 2002, el euro circula, y lo han adoptado por ahora 17 miembros de la UE, es la segunda moneda de reserva más grande del mundo, y la segunda con la que más se comercia. La Europa continental dió forma a un sistema global en el cual la verdadera multipolaridad financiera podría ser una realidad.
En la creación de la Unión Europea, una década después de la "reforma y apertura" de Deng Xiaoping, obligados a manejar las protestas de Tiananmen y sus consecuencias, la República Popular de China aún no estaba en condiciones de influir en el curso de la historia en el extremo occidental del continente euroasiático.
Con la crisis de deuda del Euro, Europa está, sin duda en el tercero de sus principales puntos de inflexión desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, como ya hizo frente a los desafíos más graves, el continente no se des-europeizará sino, por el contrario, va a profundizar su unión mediante la operación de más transferencias de soberanía a las autoridades supranacionales en el campo de las políticas presupuestarias y fiscales. En ese sentido, para los federalistas europeos la crisis del euro es una oportunidad y Bruselas subordinará el debate sobre la ampliación a los imperativos existenciales de un primer círculo más cohesionado de la Unión Europea, la zona euro.
Por lo menos dos nuevos elementos caracterizan la actual etapa de la construcción europea. A nivel interno, el peso relativo de Alemania - tanto un efecto de la reunificación y de los efectos positivos del euro sobre la economía alemana - y externamente, el factor China. Si el liderazgo chino opta por una política estratégica y orientada a apoyar el papel presente y futuro del Euro en el mundo, si anima a las empresas chinas a invertir y crear puestos de trabajo dentro de la UE - como una empresa como Huawei ya está haciendo -. Se convertirá en un contribuyente importante al éxito del proyecto europeo.
La defensa china del euro es también un instrumento para consolidar la multipolaridad y de allanar el camino a la internacionalización del yuan. En otras palabras, entrar en un mundo donde el dólar de EE.UU. ha perdido su preeminencia absoluta. En marzo de 2010, con ocasión de un discurso pronunciado en el Centro de Investigación Financiera Internacional Lujiazui de Shanghai sobre "El papel de la UE y China en la arquitectura financiera del mundo del siglo 21", el ex presidente de la Comisión Europea Romano Prodi hizo los siguientes comentarios:
Cuando empezamos con la idea del euro, los líderes chinos mostraron gran interés, cuando le pregunté por qué la creación del euro era tan importante para China, mencionando que el problema no era sólo cuestión económica, sino también política, el Presidente de China Jiang Zemin dijo, "Quiero vivir en un mundo multipolar".
En esta nueva fase histórica, las relaciones chino-europeas no sólo son mutuamente beneficiosas, sino que se han convertido en mutuamente transformadoras. Mientras un apoyo explícito y tangible de China a la integración europea ayudará a Europa a vencer su miedo a la globalización, la apertura de Europa al renacimiento de China podría debilitar las pulsiones chino-céntricas en Pekín. El diálogo entre China y Europa y la solidaridad no puede eliminar por completo el nacionalismo y el populismo de los debates públicos, pero puede mantenerlos en un nivel relativamente benigno. La posición central de Alemania dentro de Europa y el nuevo papel de Pekín en los asuntos europeos se refuerzan mutuamente. En 2010, Berlín y Pekín emitieron un comunicado conjunto sobre la "promoción integral de la asociación estratégica entre China y Alemania" elevando oficialmente sus relaciones a un nivel estratégico. El 5% de las exportaciones alemanas ya van al mercado chino mientras en 2010 el comercio entre China y Alemania alcanzó los 130 mil millones de euros (aumentando un 35% respecto al año anterior y representando el 30% del comercio total de la UE y China) será de más de 200 mil millones de euros en los próximos cinco años. Desde una postura euroescéptica, David Cameron ya ha expresado que el Reino Unido no respaldará los esfuerzos de los países de la UE cuyo objetivo es transferir más poder a Bruselas y por lo tanto, a medida que la zona euro va a evolucionar hacia una mayor integración, la distancia entre Londres y círculo interno de la UE se incrementará. En estas condiciones, la "relación especial" entre los EE.UU. y el Reino Unido que ha sido en el pasado un factor limitante en la sinergia entre China y Europa perderá, en cierta medida, su capacidad para afectar las relaciones entre la UE y China. En el contexto de la Guerra Fría, la ayuda de Estados Unidos a Europa Occidental fue también un instrumento para contener a la URSS y la difusión de lo que se percibía como una ideología antagónica. En el siglo 21, el papel de China como un catalizador para la integración europea no debe verse como una manera de contener los EE.UU., sino como una acción estratégica a largo plazo para crear las condiciones de equilibrio en un sistema multipolar mundial y globalizado. En ese sentido, la disposición de China para contribuir a la consolidación de la construcción europea podría ser la respuesta más adecuada a la "vuelta a Asia" de EE.UU., cuyas intenciones no son, según Washington, la contención de nadie, sino sólo un compromiso renovado con una región de capital importancia.
David Gosset es director del Centro Euro-China de Relaciones Internacionales y Negocios CEIBS, Shanghai y Pekín, y fundador del Foro Euro-China.
(Copyright 2012 David Gosset.)
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