Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
Perfil en LinkedIn.

Categorías

Suscríbete a RSS

¿Qué es RSS? Es una tecnología que envía automáticamente los titulares de un medio a un programa lector o agregador. Para utilizar las fuentes RSS existen múltiples opciones. La más común consiste en instalar un programa llamado 'agregador' o lector de noticias.

Listado de blogs

« diciembre 2011 | Inicio | febrero 2012 »

23 enero, 2012 | 10:02

Portada informe 2012 observatorio de la política china
El informe de política china es un cuidado y relativamente extenso documento que bien merece una lectura por parte de los que seguimos la actualidad de China. Resulta admirable la labor que el Observatorio de la Política China realiza, y en particular Xulio Rios, cuyo trabajo estudiando “lo chino” es incansable.

En el archivo pdf, disponible en su página web, el Observatorio, actúa como un sismógrafo. Ante leves vibraciones que el vulgo jamás percibe, reacciona con un tintineo de aguja sobre el papel. Se va marcando así una silueta eterna que luego cada cual interpreta a su manera. Muy útil, en este sentido, la cronografía con titulares que se incluye al final.

Estas interpretaciones pueden tener, o pretender, efectos proféticos autocumplidos. De ahí que, sobre todo el objeto de análisis  (los chinos y su gobierno) así como otros observadores puedan activar las defensas incluso antes de tiempo.

Volviendo al informe, revisa muchos de los sucesos que marcaron 2011 en China como el 90 aniversario del Partido Comunista o el primer centenario de la República de China, lo acontecido con candidatos independientes en las elecciones locales, o el trasiego de la estatua de Confucio a lo largo de la plaza de Tiananmen en Pekín, a parte de muchos otros que, por el ritmo de la actualidad parece que sucedieron hace más tiempo.

En uno de sus pasajes se puede leer: “El discurso oficial ha reiterado que las prioridades políticas son la mejora del buen gobierno, el respeto a la ley, el aumento de la transparencia, la utilización “sana” de la Red, la lucha contra la corrupción y las injusticias, la eliminación de las interferencias en el sistema judicial… pero nada indica que una evolución democrática sustancial figure en la agenda”.  Prosigue diciendo que la invocación al marxismo en el discurso de Hu Jintao, responde al “populismo oportunista” sin entrar en una reforma política en profundidad.

¿Está China en transición? ¿Es una dictadura básicamente  inmóvil y que desprecia los derechos humanos? Este sería el meollo del asunto. La discrepancia esencial entre lo que se refleja en el informe contrapuesto al discurso “oficial” chino. En el informe, la diferencia entre dichos y hechos se subraya en varias ocasiones como una constante del panorama chino. Dicha distancia, existe en todos los sistemas, y es cierto que los discursos políticos, o las mismas leyes, a veces son declaraciones de intenciones cuando no, directamente, un insulto a la inteligencia de los ciudadanos.  

La economía es política y la política, economía. Pretender que se puede realizar una escisión en dos compartimentos estancos es sumamente complejo. El proceso de reforma y apertura iniciado en 1978 por Deng Xiaoping se interpreta internamente en China, como el inicio de una transición. Económica, y, por tanto, política. Este tipo de afirmación, que puede chocar a no iniciados en el discurso gubernamental chino, se basa en que  depende de la definición de “democracia” que  manejemos. Tal concepto puede ser más formalista (incluso, meramente formalista), más materialista, o puede adoptar otras perspectivas que nada tengan que ver con el formalismo o el materialismo.

Bajo un punto de vista material, y entendiendo que no puede ser libre quien no tiene para comer, el desarrollo económico es condición previa y necesaria para el desarrollo político. Por tanto, y bajo esta óptica, se defiende una transición ya en marcha en la República Popular de China y este es un discurso con baja o ninguna transcendencia fuera de sus fronteras.

Dicha transición, no está exenta de una fuerte asimetría, y mientras algunos chinos han ascendido fuertemente en la pirámide de Maslow clamando por aumentar los márgenes a la libertad de expresión más rápido de lo que se está haciendo -sin ir más lejos, así se reconoce este informe donde el uso de Weibo se menciona haciendo referencia a una libertad “sin precedentes”- otros ciudadanos chinos aún pugnan por abandonar la base de esa pirámide. Ese es el dilema entre el desarrollo y una (más rápida) adopción de democracia. Un dilema que se refiere al ritmo del proceso, más que al proceso en sí mismo.

Señala el artículo que endógena o exógenamente podría haber tensiones que cuestionen la legitimidad del Partido Comunista. Nos encontramos ante un pronóstico clásico sobre China. Como apostar una equis en el pleno al quince de forma constante juegue quien juegue. Tarde o temprano, se producirá el empate en ese partido. Lo que tiene mérito es haber acertado las catorce casillas previas de la quiniela.

El término reforma para los Occidentales está claramente orientado hacia la democracia liberal que tenemos en nuestros países. Todo lo que no vaya en esa dirección y sentido, y como vimos antes, a la velocidad que nos gustaría, se ve de manera peyorativa como retrógrado y desalineado. Este es un equívoco conceptual recurrente cuando leemos sobre China. Los chinos también hablan de reforma, concepto que unen -o, han unido hasta no hace mucho- el de “apertura”. Su “reforma” no se corresponde con la que queremos nosotros. Por tanto, la negamos. Como no se reforman del modo en que queremos, sencillamente no se están reformando. Aquí difiere la lectura que hacemos de los movimientos de esa aguja del sismógrafo.

En el informe, el gobierno chino aparece, como en muchos artículos periodísticos, dubitativo y temeroso de las reacciones de su pueblo. El mito del gobierno chino caricaturizado como un gigante con pies de barro ha calado mucho en el imaginario de análisis sobre este país. Bajo ese halo, se interpretan acciones como la rápida censura como síntoma de inseguridad. Es posible que el efecto halo esté influyendo. De hecho, la misma contundencia en la respuesta y la velocidad de acción del gobierno chino, bien podría significar lo contrario: seguridad, asertividad y claridad de acción.  Es más, dicha “sensibilidad” del gobierno, lo situaría cercano y reactivo ante las demandas de su pueblo, aunque sea en una capa bastante cosmética, y no inmovilista, hierático o ajeno.

Más adelante en el informe, y tras narrar lo acontecido en varios casos de descontento social, se habla del “caldeado ambiente”. Siendo cierto que ha habido accidentes, negligencias y sucesos desagradables en China en 2011, entender como caldeado el ambiente, al menos en comparación con un año antes o lo que vendrá un año después, parece un poco exagerado. China es un país con mil cuatrocientos millones de habitantes donde pasan y seguirán pasando ese tipo de eventos: accidentes y sucesos. Conectarlos a posteriori dibujando entre esos puntos una línea imaginaria de creciente protesta social contra el gobierno en genérico es, una vez más, una construcción que aprovecha de forma ventajista la distancia cronológica y geográfica justificando de manera retrospectiva un punto de vista buscado de antemano. En otras palabras, no dista mucho de ser una fabulación con tintes conspiranoicos para reafirmar un prejuicio.

Sin llegar a ese nivel en este informe, es una práctica habitual en la narrativa foránea que cuenta en tiempo real la historia de China. Si hay una marcha para frenar una factoría, se trata de una peligrosa manifestación antisistema que pone en jaque la legitimidad de Pekín… si chocan dos vagones del metro, la gente se plantea el sistema político global en el que vive. Y, es más, según este discurso, el descontento se va agregando de un suceso a otro a lo largo y ancho de China. No resulta creíble, pero a base de repetirlo, este tipo de análisis parece  estar calando en el discurso.

No es así. Los chinos no se plantean la legitimidad global de su sistema tras cada suceso, accidente, o incluso grave corrupción o negligencia de su gobierno que observa. Mucho menos cuando tales noticas llegan desde el norte de África.  No hay, entre los descontentos puntuales que sí se producen, tal conexión antisistema generalizada que nos pueda llevar a afirmar que hay un caldeo creciente o especialmente relevante. Dicho sea esto, sin evangelizar y desde la humildad de otra perspectiva sometida a sesgos distintos.

La mirada sintética sobre la realidad china, y el intento de encontrar causas y efectos, de explicar lo que sucede, no debe llevarnos a teorizar simplificando y buscando una partitura que es seguida por las diferentes cuerdas de la orquesta de manera coordinada. No se percibe sobre el terreno. Los cabreos ciudadanos son muy puntuales y mundanos entre los chinos de a pie. Pekín les queda demasiado lejos.

La discrepancia con algunos enfoques de este informe no niega la mayor de que se trata de un documento de calidad que merece la pena para los que por profesión o pasión están pegados a la actualidad de China.

 

20 enero, 2012 | 08:27

El crimen de cuello blanco enardece al pueblo llano, y no es para menos. Máxime en sociedades sumamente polarizadas en relación a las nuestras: como en China. Aunque la polarización también ejerce en ocasiones de efectivo apaciguador, pues es demasiada la soga que pende del pescuezo del que está debajo.

A ello se suma un mundo horizontalizado donde los contrapesos (checks & balances) deben saltarse las fronteras y la mera huida de un país a otro ha servido para dotar de inmunidad a aquellos que pueden pagarse el traslado. Esto es lo que, según muchos articulistas y reporteros, ha pasado profusamente entre China y Canadá. Emigrantes de bolsillo lleno procedentes de China han sido, según cuentan, calurosamente aceptados en Canadá. Nada que ver, obviamente, con subsaharianos llegando a la península en patera.

El Washington Post relata una historia novedosa en el contexto anterior y que podría cambiar dicho escenario.  Un hombre de negocios se trasladó a Canadá en 1999 desde China con cuentas pendientes con la justicia de su país. Durante años intentó adquirir en Canadá el estatus de refugiado pero finalmente fue  deportado en febrero porque Canadá encontró injustificado su temor a torturas, un juicio injusto o la pena de muerte.

La importancia del caso radica en que, según la propia familia, sería paradigmático. Supondría una advertencia para chinos que han realizado operaciones similares. Ciertamente, en algunos casos, huirán tal vez de ajustes de cuentas difíciles de conocer. Pero en otros, se trata de meros corruptos que realmente escapan de la acción de la justicia de su país.

Una de las contrapartidas de la colaboración de China con otros Estados, por ejemplo, cuando compradeuda pública (y aunque se insista en que nada tiene que ver)… bien podrá venir por un mayor reconocimiento a su sistema judicial. Colaboración para extraditar a China los 600 presuntos delincuentes económicos que quedan fuera.

De hacerse, no será sólo por la presión ejercida por el ascenso de China. Alguna credibilidad deberá ganar el sistema judicial chino para que jueces de terceros países colaboren extraditando a estas personas. Este tipo de noticias reflejan la integración de China en el mundo, también por el lado judicial. 

 

11 enero, 2012 | 06:27

En este nuevo artículo, David Gosset reflexiona sobre el gran factor externo que ha influido la construcción europea, Estados Unidos, en sus momentos más críticos. Ahora que Europa se enfrenta con la crisis del euro a otro momento crucial, China podría cobrar un papel protagonista de influencia externa en la construcción europea. 

--------

La redistribución del poder global modifica las relaciones entre las grandes potencias y les invita a reconsiderar sus prioridades diplomáticas. Mientras que en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, el futuro de Europa ha sido modelado de forma proactiva por los EE.UU., o más precisamente, por un grupo de estadounidenses "sabios", China está ahora en condiciones de tener un impacto sin precedentes sobre la integración europea, y, a medida que Pekín desarrolla por completo su inmenso potencial y se convierte en la mayor economía del mundo en la próxima década, su capacidad de influencia sin duda crecerá. 

En este contexto rápidamente cambiante, los líderes de la Unión Europea y China deben reconsiderar la importancia de los vínculos trans-Euroasiáticos y abrir un nuevo capítulo en las relaciones entre dos de las civilizaciones más antiguas del mundo. El grado, así como los medios de la acción de China en Europa, compatible con las necesidades internas del país más grande del mundo en desarrollo y acorde con los principios tradicionales chinos de política exterior tendrá que ser seriamente discutido por las autoridades de Pekín. Al mismo tiempo, la realización y la mera evaluación de la capacidad de la nueva China para influir ocupará más espacio en los debates públicos europeos, y se convertirá en materia de campañas políticas.  

Con un intercambio comercial de bienes y servicios que alcanzó los 432 mil millones de euros en 2010, la Unión Europea y China forman el segundo ámbito de cooperación económica más grande del mundo. Este nivel de interdependencia económica se ha logrado en un período muy corto de tiempo y a pesar de la gran muralla de desconfianza que separa dos sociedades que han evolucionado de manera independiente desde hace milenios. Y, como la velocidad del cambio cuantitativo supera el ritmo de la transformación cualitativa, se necesitará tiempo para reducir la brecha entre comercio y confianza.  

Obviamente, es la creencia del pueblo chino en su renacimiento la que condiciona su éxito, y, de forma similar, la fe de los europeos en la renovación de Europa determinará su resultado. Sin embargo, al mismo tiempo que la confianza sigue siendo la fuerza interna más poderosa, la confianza mutua la refuerza, y bajo esta perspectiva  ambas partes deben no pasar por alto lo que la confianza mutua puede aportar a los dos polos de la civilización y, más allá, al mundo. 

El renacimiento de China debe ser visto por Europa como una fuente de sinergias. A nivel operativo, es hora de que los políticos europeos construyan mecanismos para facilitar las inversiones chinas en la Unión Europea - China va a invertir en el extranjero más de 1 billón de dólares hasta el 2020 - para garantizar el estatuto de economía de mercado a China - que será, de todos modos, concedido a Pekín bajo las normas de la Organización Mundial del Comercio desde el 11 de diciembre 2016 - para levantar un embargo inoportuno y contraproducente de venta de armas, consultar sistemáticamente a China en asuntos de seguridad - Oriente Medio, o proliferación nuclear - y poner en práctica una ambiciosa colaboración sino-europea en terceros países -. De África a Asia Central.

Durante décadas, Occidente ha cuestionado el sistema político chino y su capacidad para traer progreso socio-económico para el pueblo chino, pero, en un giro sorprendente, mientras que la crisis financiera de 2008 expuso la hibris (desmesura) occidental, los analistas chinos están tratando de evaluar la naturaleza y la importancia de la Occupy Wall Street o las protestas de indignados. En 2011, los medios de comunicación chinos, su academia y think-tanks han expresado serias preocupaciones sobre la viabilidad del proyecto europeo y la efectividad del liderazgo de la UE. 

La confianza mutua se desarrollará a medida que Europa se esfuerza por comprender mejor las características específicas de la gobernanza de China y que China aprecia la complejidad de las interacciones entre la Unión Europea y sus 27 miembros. La historia de la construcción europea ha constado de una serie de decisiones colectivas tomadas frente a crisis, y, cuando inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, Europa Occidental tuvo que encontrar el camino hacia la reconciliación y enfrentarse a los desafíos de la Guerra Fría, entró en el primer momento de su integración política. Por un acuerdo en dos tratados fundamentales - los Tratados de París y Roma - que dio lugar a la creación de la Comunidad Europea, Francia, Alemania Occidental, Italia y el Benelux comenzó un experimento político sin precedentes, la integración pacífica de Estados Nacionales soberanos e independientes.

En esta etapa inicial de la integración europea, donde Monnet, Schuman, Adenauer, Spaak o De Gasperi, padres fundadores de Europa, demostraron notable visión y coraje, EE.UU. fue el principal apoyo externo de la renovación europea. En un momento de devastación, desesperación y vacío, " Stunde null "- la hora cero, como lo llaman los alemanes - el Plan Marshall contribuyó a la recuperación económica de Europa y alentó a una mejor coordinación entre las políticas europeas - la Organización para la Cooperación Económica Europea, predecesora de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) fue creada en 1948 para administrar el Plan Marshall. 

En el nacimiento de la Comunidad Europea, la joven República Popular de China estaba ocupada con su Primer Plan Quinquenal (1953-1957) y la Guerra de Corea ilustraba la relación conflictiva entre Occidente y la China maoísta. 

El colapso de la Unión Soviética marcó la segunda crisis que obligó al rediseño de la Europa moderna. El Tratado de Maastricht de 1992, que estableció la Unión Europea y proporcionó el marco jurídico para la unión monetaria fue la respuesta de Europa Occidental a los cambios en Moscú y la reunificación alemana. El presidente francés François Mitterrand condicionó su aceptación de una nueva Alemania a la adopción del euro por parte de Alemania. En este punto crucial de la historia de Europa el papel desempeñado por el Canciller alemán Helmut Kohl fue decisivo, y su capacidad de poner el interés europeo por encima, lo que era percibido por un gran segmento de la población alemana como su interés nacional y le valió merecer el título extraordinario de Ciudadano de Honor de Europa - sólo concedido antes a Jefes de Estado de Europa y a Jean Monnet.  

Si había minado la gran estrategia soviética del estadista Mijail Gorbachov para una "casa común europea", que tenía, entre otros, el apoyo de François Mitterrand, Washington no se opuso a la creación de la Unión Europea. Sin embargo, mucho antes de la existencia del euro, la narrativa anglosajona sobre la imposibilidad de aplicar esta importante decisión política ya era muy común, para algunos no se podía ni contemplar la idea de esta empresa verdaderamente post-nacional de transferencia a una institución supranacional de uno de los principales pilares del Estado moderno, su moneda. Desde 1 de enero de 2002, el euro circula, y lo han adoptado por ahora 17 miembros de la UE, es la segunda moneda de reserva más grande del mundo, y la segunda con la que más se comercia. La Europa continental dió forma a un sistema global en el cual la verdadera multipolaridad financiera podría ser una realidad. 

En la creación de la Unión Europea, una década después de la "reforma y apertura" de Deng Xiaoping, obligados a manejar las protestas de Tiananmen y sus consecuencias, la República Popular de China aún no estaba en condiciones de influir en el curso de la historia en el extremo occidental del continente euroasiático.  

Con la crisis de deuda del Euro, Europa está, sin duda en el tercero de sus principales puntos de inflexión desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, como ya hizo frente a los desafíos más graves, el continente no se des-europeizará sino, por el contrario, va a profundizar su unión mediante la operación de más transferencias de soberanía a las autoridades supranacionales en el campo de las políticas presupuestarias y fiscales. En ese sentido, para los federalistas europeos la crisis del euro es una oportunidad y Bruselas subordinará el debate sobre la ampliación a los imperativos existenciales de un primer círculo más cohesionado de la Unión Europea, la zona euro. 

Por lo menos dos nuevos elementos caracterizan la actual etapa de la construcción europea. A nivel interno, el peso relativo de Alemania - tanto un efecto de la reunificación y de los efectos positivos del euro sobre la economía alemana - y externamente, el factor China. Si el liderazgo chino opta por una política estratégica y orientada a apoyar el papel presente y futuro del Euro en el mundo, si anima a las empresas chinas a invertir y crear puestos de trabajo dentro de la UE - como una empresa como Huawei ya está haciendo -. Se convertirá en un contribuyente importante al éxito del proyecto europeo.

La defensa china del euro es también un instrumento para consolidar la multipolaridad y de allanar el camino a la internacionalización del yuan. En otras palabras, entrar en un mundo donde el dólar de EE.UU. ha perdido su preeminencia absoluta. En marzo de 2010, con ocasión de un discurso pronunciado en el Centro de Investigación Financiera Internacional Lujiazui de Shanghai sobre "El papel de la UE y China en la arquitectura financiera del mundo del siglo 21", el ex presidente de la Comisión Europea Romano Prodi hizo los siguientes comentarios:

Cuando empezamos con la idea del euro, los líderes chinos mostraron gran interés, cuando le pregunté por qué la creación del euro era tan importante para China, mencionando que el problema no era sólo cuestión económica, sino también política, el Presidente de China Jiang Zemin dijo, "Quiero vivir en un mundo multipolar".

En esta nueva fase histórica, las relaciones chino-europeas no sólo son mutuamente beneficiosas, sino que se han convertido en mutuamente transformadoras. Mientras un apoyo explícito y tangible de China a la integración europea ayudará a Europa a vencer su miedo a la globalización, la apertura de Europa al renacimiento de China podría debilitar las pulsiones chino-céntricas en Pekín. El diálogo entre China y Europa y la solidaridad no puede eliminar por completo el nacionalismo y el populismo de los debates públicos, pero puede mantenerlos en un nivel relativamente benigno. La posición central de Alemania dentro de Europa y el nuevo papel de Pekín en los asuntos europeos se refuerzan mutuamente. En 2010, Berlín y Pekín emitieron un comunicado conjunto sobre la "promoción integral de la asociación estratégica entre China y Alemania" elevando oficialmente sus relaciones a un nivel estratégico. El 5% de las exportaciones alemanas ya van al mercado chino mientras en 2010 el comercio entre China y Alemania alcanzó  los 130 mil millones de euros (aumentando un 35% respecto al año anterior y representando el 30% del comercio total de la UE y China) será de más de 200 mil millones de euros en los próximos cinco años. Desde una postura euroescéptica, David Cameron ya ha expresado que el Reino Unido no respaldará los esfuerzos de los países de la UE cuyo objetivo es transferir más poder a Bruselas y por lo tanto, a medida que la zona euro va a evolucionar hacia una mayor integración, la distancia entre Londres y círculo interno de la UE se incrementará. En estas condiciones, la "relación especial" entre los EE.UU. y el Reino Unido que ha sido en el pasado un factor limitante en la sinergia entre China y Europa perderá, en cierta medida, su capacidad para afectar las relaciones entre la UE y China. En el contexto de la Guerra Fría, la ayuda de Estados Unidos a Europa Occidental fue también un instrumento para contener a la URSS y la difusión de lo que se percibía como una ideología antagónica. En el siglo 21, el papel de China como un catalizador para la integración europea no debe verse como una manera de contener los EE.UU., sino como una acción estratégica a largo plazo para crear las condiciones de equilibrio en un sistema multipolar mundial y globalizado. En ese sentido, la disposición de China para contribuir a la consolidación de la construcción europea podría ser la respuesta más adecuada a la "vuelta a Asia" de EE.UU., cuyas intenciones no son, según Washington, la contención de nadie, sino sólo un compromiso renovado con una región de capital importancia.

 

David Gosset es director del Centro Euro-China de Relaciones Internacionales y Negocios CEIBS, Shanghai y Pekín, y fundador del Foro Euro-China.

(Copyright 2012 David Gosset.)


imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

© PRISA DIGITAL S.L. - Gran Vía, 32 - Madrid [España] - Tel. 91 353 79 00