Sobre el autor

CEO de 2 Open, empresa que se dedica al comercio electrónico en China. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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27 agosto, 2011 | 15:19

Una nueva lectura de David Gosset. En ella se enuncia, describe y evalúa el poder sutil de Pekín. Posiblemente, un liderazgo moderno y un cambio de estilo en la gobernanza global. 

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Cuando hace exactamente 70 años, el magnate editorial estadounidense Henry R Luce (1898-1967) anunció del comienzo del "Siglo Americano", anticipó correctamente la preeminencia de los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, pero sobrestimó la duración de la Pax Americana.

Irónicamente, Luce, que pasó 15 años de su juventud en China, habría estado mucho más en su propia casa en el siglo XXI, en el que la globalización es cada vez más “sinización” que americanización.

El contraste entre la erosión del poder estadounidense y el ascenso de Pekín se hizo presente cuando, durante su visita a China, el vicepresidente norteamericano Joe Biden se vio obligado a abordar las preocupaciones de los chinos "escépticos sobre las perspectivas de futuro de Estados Unidos" en los términos utilizados en su discurso de Chengdu.  Tres semanas después, en enconados debates en el Congreso de EE.UU. sobre el límite de la deuda y la degradación posterior de la calificación crediticia estadounidense por parte de Standard & Poor's, Biden tuvo que repetir que "los Estados Unidos, que nunca han incumplido, nunca incumplirán".

Obviamente, la retórica defensiva de Biden no podía ocultar los problemas a largo plazo de un país que se ha visto tristemente paralizado por una clase política provinciana y miope, incapaz de hacer frente a la adicción a la deuda y de resolver la contradicción de un militarismo que no da más de sí y los grandes intereses financieros del complejo militar-industrial. Mientras el mundo cuestiona cada vez más la credibilidad de Washington, la credibilidad de Pekín va en aumento y, ante los ojos de muchos analistas, la prudencia de China equilibra la irresponsabilidad de Estados Unidos. 

A pesar de la incertidumbre financiera global, China tiene más de 3 billones de dólares en reservas y una economía en constante expansión. Hay planes para construir 221 ciudades de más de 1 millón de habitantes para el año 2025 y ocho ultramodernas megaurbes de más de 10 millones de habitantes. El país tiene tres compañías en el top 10 del Fortune Global 500 - tantas como Estados Unidos -, ha lanzado su primer portaaviones y tiene en marcha un programa espacial de los más ambiciosos del mundo. Obviamente, el poder duro de Pekín se está desarrollando a un ritmo impresionante.

"Conocimiento, Redes y Naciones", un estudio reciente de la Royal Society, la Academia Nacional de Ciencias del Reino Unido, llegó a la conclusión de que en 2013 China superará a los EE.UU. en volumen de publicaciones científicas.

La renovación de China no consiste sólo en un progreso cuantitativo súper rápido, sino que también está determinada por un aumento de su influencia cualitativa a nivel global. Uno advierte  fácilmente las señales de la occidentalización de China, pero el abrazo de China a la modernidad también es sinónimo de achinamiento  de la aldea global.

Estos tiempos son aptos para proyectar mundialmente una narrativa de China a través de los cada vez más sofisticados medios de comunicación social, y mientras China promueve el mandarín en más de 300 institutos Confucio en todo el mundo, también atrae cada vez más estudiantes extranjeros a sus universidades.

Contando con líderes de opinión, como Zhang Weiwei o Eric X Li, que están igualmente a gusto en Occidente y en la Chinosfera, así como con expertos altamente competentes en posiciones estratégicas internacionales - tales como Zhu Min, el nuevo subdirector gerente del Fondo Monetario Internacional, o Lin Yifu, Vicepresidente Senior del Banco Mundial - China también está fortaleciendo rápidamente su poder blando.

Siguiendo el trabajo del intelectual estadounidense Joseph Nye, para los analistas es habitual limitar el debate sobre la fuerza nacional entre poder duro y blando, con una combinación que supone la formación del "poder inteligente". Sin embargo, los patrones de la transformación de Pekín invitan a una ampliación de estas reflexiones para considerar una tercera dimensión del poder, el "poder sutil", que en cierta medida es la aplicación de algunos de los más elevados principios filosóficos de China en el campo de la estrategia.

Menos espectacular que el poder duro, más intangible que el poder blando, el poder sutil pretende conformar un contexto que maximiza la eficacia de las dos dimensiones tradicionales de poder. Mientras el poder duro actúa directamente - incluso por la fuerza - para imponerse y el poder blando atrae y recoge, el poder sutil establece el entorno en el que el poder duro y el poder blando pueden producir efectos óptimos.

La extraordinaria capacidad de China para contextualizar prepara a los principales responsables del país – ciertamente,  al nivel del Grupo Líder Reducido de Relaciones Exteriores del Partido Comunista de China -  para tener un enfoque holístico de los asuntos mundiales. Esto no debe interpretarse como una negativa a adoptar una posición clara sobre ninguna cuestión en particular, sino que debe entenderse como la prudencia de considerar cuidadosamente cómo las acciones en un tema concreto pueden afectar al equilibrio de todo el sistema. Mientras el poder duro y blando analiza y selecciona los casi interminables componentes individuales del juego del poder global, el poder sutil aprehende sintéticamente sus interacciones.

La eficacia del poder sutil radica en la interacción permanente de cinco elementos. En primer lugar, atribuye un gran valor a la no confrontación. La habilidad de Pekín en el desarrollo de una diplomacia multidireccional activa y para evitar la oposición innecesaria no sólo proporciona oportunidades para satisfacer las necesidades de desarrollo de China, sino que también eleva el estatus del país.

Siendo capaces de, por ejemplo, mantener buenas relaciones tanto con Irán como Israel (Chen Bingde, jefe de personal del Ejército Popular de Liberación, fue recientemente invitado de Benny Gantz, su homólogo israelí), así como con Teherán y Riad, Pekín se percibe cada vez más en Medio Oriente como un factor de estabilidad y distribución de poder.

Al tener relaciones simultáneas con Corea del Norte, Corea del Sur y Estados Unidos, Pekín se encuentra en el centro del futuro del Noreste de Asia. Es revelador que, a finales de julio, Ma Xiaotian, Subdirector de Estado Mayor del Ejército Popular de Liberación (EPL) fuera a Seúl para reforzar la cooperación militar con la República de Corea (Corea del Sur) y, varios días después, una flotilla de la Armada del EPL realizara una visita amistosa a la República Democrática Popular de Corea (Corea del Norte).

En segundo lugar, el poder sutil se asocia siempre que sea posible con la no injerencia. Al oeste, China limita con Kirguistán y Tayikistán, dos países relativamente pequeños (5,5 y 8 millones de habitantes, respectivamente), pero Pekín no intenta de imponer en esos Estados, nuevos y frágiles, orientaciones macroeconómicas o políticas.

Compartiendo Afganistán y la provincia China de Xinjiang 76 kilómetros de frontera, son los Estados Unidos y la Organización del Tratado de Atlántico Norte los que se encuentran atrapados en el pantano afgano. Cuando los dirigentes soviéticos decidieron invadir Afganistán en 1979, ejemplificaron un uso contraproducente de poder duro y su desprecio del poder sutil socavó el posicionamiento a largo plazo de la Unión Soviética.

La actitud de no confrontación y el principio de no injerencia son consistentes con una política de independencia estratégica, cuyo objetivo es, más que la búsqueda de alianzas, la disminución del riesgo de crearse enemigos.

Se podría etiquetar, erróneamente, como aislacionismo la política china de no injerencia - si se sostuviese que el aislacionismo es lo contrario del intervencionismo. Sin embargo, el aislacionismo y el intervencionismo, lejos de ser mutuamente excluyentes,  son de hecho expresiones del mismo espíritu propagandista – consistiendo el aislacionismo en intervencionismo frustrado. China, que nunca ansió convertir al mundo a sus normas y creencias, no tiene la idiosincrasia de un cruzado decepcionado.

En otras palabras, es la ausencia en China de una cultura misionera, lo que explica fundamentalmente la insistencia de Pekín en la no injerencia.

En tercer lugar, el poder sutil contiene una permanente disposición al cambio. Los recientes virajes de Pekín en relación con Sudán pueden verse como una ilustración de este punto. A pesar de sus fuertes vínculos con Jartum - el presidente de Sudán, Omar al-Bashir, mantuvo conversaciones en Pekín a finales de junio – el ministro de Relaciones Exteriores de China, Yang Jiechi, visitó Juba sólo un mes después de la declaración de la independencia de Sudán del Sur – fue el primer ministro de asuntos exteriores representando a uno de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

En Libia, la ágil diplomacia de Pekín también está trabando. Varias horas después de la entrada de los rebeldes en Trípoli, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino explicó en un comunicado que "China respeta la voluntad del pueblo libio y quiere desempeñar un papel positivo en la reconstrucción de Libia junto con la comunidad internacional".

En marzo, el tono de China fue diferente cuando condenó enérgicamente a Occidente por su asalto a las fuerzas de Muammar Gaddafi, aunque con el importante matiz de que Pekín no bloqueó la resolución 1973 del Consejo de Seguridad que autorizó los ataques aéreos – votando así lo mismo que Brasil, Rusia, India y Alemania.

La moderación debe considerarse como la cuarta característica del poder sutil. Cuando el estadista norteamericano Henry Kissinger evoca la Guerra chino-vietnamita de 1979 en su magistral Sobre China, señala: "Al igual que en la Guerra chino-india [Octubre-Noviembre de 1962], China ejecutó un limitado ataque 'de castigo' inmediatamente seguido por una retirada". En términos más generales, Pekín es consciente de que la capacidad de auto-limitar y evitar cualquier tipo de exceso – incluyendo aventuras militares innecesarias - es a largo plazo la condición para preservar su fuerza relativa.

En contraste con la dinámica histórica de Europa, una de las principales tendencias de la civilización china ha sido siempre el esfuerzo para unificar el mundo chino. Bajo esta perspectiva, el futuro de Taiwán es – junto con la integridad territorial de la República Popular de China - uno de los asuntos más importantes para el liderazgo de Pekín.

Aunque ambas partes siguen técnicamente en guerra, 1,6 millones de chinos continentales visitaron la isla en 2010, inyectando más de 3.000 millones de dólares en la economía de Taiwán. Como cabe esperar, Pekín reacciona con duras declaraciones cuando considera que Estados Unidos está interfiriendo en los asuntos internos de China, pero la política de la parte continental sobre Taiwán ilustra también el uso de la moderación por parte de Pekín.

De hecho, cuanto más poder tiene la parte continental para aislar a la isla - con su formidable fuerza financiera, económica y diplomática - más opta por el uso del poder sutil para conformar un marco compatible con su objetivo estratégico general. Como discípulos de Sun Tzu, los estrategas de Pekín tienen en cuenta que los mejores generales prevalecerán sin luchar, sólo los menos expertos tienen que atravesar la niebla de la guerra.

La ambigüedad es la quinta señal de poder sutil. Ahmet Davutoglu, un destacado académico y desde el año 2009 ministro de Exteriores turco, en Profundidad Estratégica, analiza las ventajas geopolíticas de Turquía y desarrolla el punto de vista de la "política de cero problemas", que en apariencia tiene cierta similitud con la postura de no confrontación de China.

Sin embargo, las recurrentes referencias de Davutoglu a la historia en una serie de discursos y entrevistas de los medios de comunicación han producido cierto malestar en Turquía y más allá - incluso en Washington, como demuestran algunos de los cables de WikiLeaks - con la percepción de que Ankara se está deslizando gradualmente de la kemalista autocontención hacia una ofensiva neo-otomana en política exterior.

Mientras que la administración de Erdogan utiliza grandes enunciados teóricos, China no promete de forma explícita volver a conectar con una perdida "profundidad estratégica" y no está obsesionada por la conceptualización de su política exterior. Poder sutil es también el cultivo de la ambigüedad y la vaguedad que con demasiada frecuencia son malinterpretadas como misterio y oscuridad.

Y, en una época en que la tecnología obliga a las cancillerías a practicar una diplomacia sin secretos - es ingenuo suponer que los ordenadores o los dispositivos de comunicación son absolutamente seguros - el valor de la imprecisión intencionada aumenta considerablemente.

En ese sentido, el propio intento de definir el poder sutil es casi contradictorio en sí mismo, no se trata de un conjunto de reglas o procedimientos predeterminados para seguir de forma mecánica, sino del arte de crear un contexto favorable. No es una autoproclamación de indispensabilidad, superioridad o grandeza, sino la capacidad para mantener la centralidad en una configuración que cambia constantemente. La expresión "País Medio" se refiere sin duda a un lugar geográficamente fijo y determinado, pero también puede interpretarse como una posición ganada por movimientos estratégicos inteligentes en la dinámica complejidad del juego del poder.

En lugar de en sus complacientes letanías sobre lo que percibe como imperfecciones esenciales de China, Occidente debería centrarse seriamente en lo que podría aprender de los matices del poder sutil de Pekín. En cierta medida, es un Occidente relativamente achinado y una China razonablemente occidentalizada, y sus constantes interacciones, lo que podría constituir una fuente infinita de sinergias para la humanidad.

El poder sutil, que congenia profundamente con la cultura china, conlleva el tradicional énfasis chino en la moderación y la paz encarnados en el carácter “he 和” o armonía, y, como tal, es compatible con la idea de que una importante redistribución del poder, no necesariamente tiene que surgir del desastre de las guerras.

Posiblemente, la mala interpretación de Estados Unidos sobre las intenciones estratégicas chinas podría ser en el futuro cercano la principal fuente mundial de tensiones. Sin embargo, una mirada desapasionada al modo de actuar de China revela un esfuerzo noble y legítimo: mientras Pekín construye suficiente poder duro para defender sus más de 22.000 km de fronteras terrestres compartidas con 14 países, mientras trabaja para adquirir los medios para proteger su energía, materias primas o suministro de alimentos, el país más poblado del mundo está fundamentalmente comprometido con el poder sutil de la no confrontación, la no injerencia y la moderación en el camino de un renacimiento pacífico.

David Gosset es director del Centro Euro-China de Relaciones Internacionales y Negocios CEIBS, Shanghai y Pekín, y fundador del Foro Euro-China.

(Copyright 2011 David Gosset.)

Artículo en inglés


26 agosto, 2011 | 11:56

La contundencia de las medidas que de forma activa adopta el gobierno para impedir una burbuja inmobiliaria aún mayor (pues posiblemente algo de burbuja ya hay) lleva hasta extremos como el título de esta entrada. Prohibido comprar segunda residencia.

Lo cierto es que cuando se habla de burbuja inmobiliaria en China ni de lejos se asemeja a la de España. Cierto que son flagrantes los precios muy altos de la vivienda por ejemplo en Shanghai , sobre todo  en un par de barrios del centro.

Para empezar, no existe apenas acceso al crédito hipotecario.  No se han endeudado los particulares hasta el máximo posible, salvo excepciones. Sencillamente no hay oferta de créditos para ellos. Una de las razones para ello es que es la inversión pública y privada, la que se lleva la mayor parte del crédito disponible. Conocer a un hipotecado chino resulta difícil. Es una práctica aún muy poco habitual. Una burbuja en virtual ausencia de crédito, siempre será menos burbuja. 

31 de las 70 ciudades  más grandes de china registran un mantenimiento o descenso de precios de vivienda. Ha sido el propio gobierno el que se ha dedicado a provocarlo, sin esperar a un posterior estallido.  A las restricciones para que los ciudadanos que no lleven un tiempo residiendo puedan comprar se suman otras como las de adquirir segundas o terceras residencias. El gobierno también está intentando tomar medidas también por el lado de la oferta.

Las medidas, una vez más, niegan la máxima de los que califican a China como el más capitalista de los capitalismos. La efectividad y justa aplicación de las medidas habrá que verla, pero no parece descabellado ni atroz que se prime un poco la primera vivienda sobre la segunda o tercera. 

Como de costumbre, toca afirmar que la rampante desigualdad en China no tiene respuesta gubernamental. Pero no. Esta es una prueba más de la voluntad del gobierno de impedir que continue la acumulación de propiedad inmobiliaria. Aunque lo haga más por evitar la inestabilidad del estallido de una burbuja que lograr por reequilibrio económico el resultado es el mismo. 

 

22 agosto, 2011 | 11:19

El propio gobierno chino califica como desequilibrada, insostenible, inestable y descoordinada a la economía del país. Es Wen Jiabao el que realiza este tipo de afirmaciones. Lo habitual suele ser que los líderes intenten transmitir confianza por lo que mensajes de auto-crítica suelen colarse de forma bastante metafórica, si es que entran en el discurso. Tal vez la autocrítica es otra forma de transmitir confianza al menos en la coyuntura actual, y la única vía en un régimen donde no hay una oposición institucionalizada a nuestro estilo.

De tales desequilibrios de deriva la expresión clave a día de hoy en la política china: crecimiento inclusivo. Viene a sustituir el lema anterior de  “desarrollo científico”. La maximización del crecimiento del PIB se sustituye por una visión más centrada en las personas. De hecho, el cuadro de mando por el que se medirá el éxito del XII Plan Quinquenal incluye más indicadores que antes.

Un documento reciente de Eurasia Group (en PDF) concluye que una de las directrices del plan con serio riesgo de naufragar es, precisamente, la redistribución de ingresos.  El documento señala algunos éxitos probables, y también potenciales fracasos en los puntos clave del XII Plan Quinquenal.

Los fracasos están argumentados por la magnitud de las dificultades y resistencias a vencer. Así, la redistribución funcionaría bien en cuanto al reequilibrio regional, pero chocará con la piedra del sector privado a medida que la subida salarial llegue a generar desempleo y merme los beneficios empresariales. Esto sería demasiada dificultad ante la que se estancaría el objetivo enunciado.

Crecimiento salarios china
Supone el estudio que lo que está bajo control directo del gobierno funcionará tan bien como se plantea o mejor que las previsiones. Es donde los objetivos políticos chocan con los del sector privado, bien sea beneficios empresariales o arrojando a un porcentaje de la gente al paro, donde se duda de la capacidad política de impulsar las reformas.

El meollo del asunto nos lleva a un desarrollo complejo. Por un lado, el gobierno ha cedido cada vez más parcelas al sector privado para lograr el desarrollo, y cuando luego son necesarios sacrificios para reequilibrar la situación, es la propia cesión de espacio al sector privado la que puede impedir que continúe la agenda política. A su manera, de ser así, lo que se está diciendo aquí es que el gobierno chino acabará escuchando a “los mercados”. 

La forma en que el Estado chino se va replegando desde hace ya 31 años, es esencialmente diferente a la que desarrolló Rusia o el este de Europa. Una característica propia está siendo la cautela y progresividad en los tiempos. Esto hace que, por un lado, la cesión de espacio a favor del sector privado (o privado de titularidad pública) no sea tan fuerte, y, por otro, que la política a aplicar para intentar reequilibrar la situación resultante en distribución de riqueza se pueda hacer con la misma receta de cautela y control de tiempos.

La agenda está escrita en el Plan Quinquenal: reequilibrar riqueza. La resistencia posible es evidente con potenciales revueltas allá donde surja paro (no se generará necesariamente el nuevo empleo donde se destruya el anterior, ni al mismo ritmo) y empresas no dispuestas a colaborar (algunas empresas deberán echar el cierre en este proceso).

Poco a poco se irán viendo envites en este entuerto. De momento, los salarios mínimos han subido con fuerza en muchos lugares y el gobierno sigue dando vueltas de tuerca al cumplimiento fiscal. Por ahora, el gobierno aún no ha chocado con la roca que se prevé en el estudio mencionado en este post. Faltan 4 años para volver la vista atrás y ver quien pudo más. Si el gobierno chino, o “sus mercados”.

 

16 agosto, 2011 | 04:59

¿Va en aumento, realmente, la desigualdad, la asimetría en China? No parece que las cosas estén tan claras al respecto. La información que se puede encontrar, y más aún la experiencia directa, puede que no coincidan. En EL PAÍS, cuyo corresponsal es a mi juicio el más destacado en este momento en China, hace tres días se aludía a la "creciente desigualdad social". Una de las razones, se decía, tras el conflicto entre una mujer y la policía que pasó a mayores. Sin embargo, hoy el titular sin ser del todo contradictorio era "La clase media gana fuerza en China". 

El conflicto de la señora que se enfrentó a la policía surgió a raíz de un aparcamiento supuestamente ilegal. Dueña de un coche y por tanto clasificable como de "clase" media. Parece posible que tras los sucesos cuanto menos curiosos que acabamos de vivir, más que una "creciente desigualdad social" estemos, efectivamente, acudiendo al nacimiento de una capa social cuya energía y participación se canalizará de modo distinto a la tradicional represión. Represión a la que se acude ahora sin más contemplaciones en Reino Unido o para limpiar la calle tras el 15-M el Reino de España cuando las cosas vienen peor dadas. Ante situaciones que no son comparables ni entre sí, ni con China, pero que sí reflejan las decisiones políticas que se toman ante el acorralamiento y la impotencia de una clase dirigente atrincherada en sistemas de democracia formal. 

En China acabamos de ver cómo un proveedor ha retirado trenes tras el accidente. El gobierno ha mostrado, pese a la pésima gestión de esa crisis por falta de sensibilidad, que sí le  NA-BD957A_Unequ_NS_20100202202050 importa el sentir generalizado de la sociedad aunque la forma de hacerlo no parece la más inteligente. La comunicación no es un punto fuerte de los políticos en China. Esto nos llama mucho la atención porque comunicar es lo único que pretenden hacer los nuestros. 

Así que, con una comunicación más bien torpe los gestos de buena voluntad del gobierno chino quedan difuminados tras el botafumeiro de la sospecha de los analistas. El incendio del año pasado en Shanghai se ha saldado con cárcel para un buen número de responsables. Fruto de protestas, el gobierno chino ha ordenado cerrar una factoría petroquímica. No parece, por tanto, que se trate de un gobierno indiferente ni ajeno a la calle como pudiera esperarse, y como se le acusa habitualmente.

Las cifras resultan contradictorias. Si bien se suele seguir afirmando sin mayor respaldo ni citar fuente alguna "la creciente desigualdad", algún estudio apunta que puede estar remitiendo. Xulio Ríos concluye que será difícil abordar la desigualdad con el enfoque top-down de gobierno en China. Con el mandarinato. Una mayor participación política y el progreso social habrían de llegar de la mano generando un proceso de "abajo a arriba". 

Se está viendo, no ya sólo por estudios sino por cifras mucho más prosaicas como venta de vehículos, de bienes de consumo, acceso a servicios como la telefonía o Internet... una expansión clara de una capa media en lo económico y lo cultural en China. El éxito generalizado se hace a base de excepciones que parecen casi necesarias y ejemplarizantes para seguir en el camino, si bien son muy poco edificantes bajo nuestra óptica. 

En China se priorizan los derechos en función de sus fines, y su resultado en prioridades no coincide con el nuestro. No siempre los derechos individuales son los más importantes. En estos momentos, su sistema funciona porque cada día mejoran sobre el anterior. Es cierto que son criticables algunas aristas que saldrían si hacemos ahora una "photo finish". No es menos cierto que la tendencia y la evolución hacia mejor en aspectos tales como la propia participación y mejora en la distribución de la riqueza parecen dar más razones de las que quitan al gobierno de este país.

No se observa ni se denuncia ningún retroceso significativo en áreas de participación, libertades e inclusión social en estos momentos. Una masa relativamente acomodada empieza a sensibilizarse por temas más humanos, culturales y medioambientales haciéndose oir. Y siendo escuchada.  Aún así, hay quien cree que lo podrían hacer más rápido y mejor, pero no suele explicarse en qué consistiría esa fórmula alternativa. 

 

12 agosto, 2011 | 11:26

Los recientes casos flagrantes de copia perpetrados en China con las tiendas de Apple e IKEA son rápidamente elevados de mera anécdota a categoría. Reflejan, se suele afirmar, que el éxito económico de China se apoya en la falta de creatividad, y, por tanto, tiene bases endebles. 

Al quitar la capa de aceite que flota sobre el líquido, y separar el ruido mediático de las nueces, no resulta tan complicado ver un crecimiento más sólido en China. No ya sólo por vivir en una sociedad optimista, profundamente trabajadora aunque en ocasiones ineficiente, y con otros valores que cabrían en alguna otra entrada en su momento. 

En plena crisis y cuando parece que la tierra se resquebraja bajo nuestros pies en la piel de toro dos titulares en apariencia contradictorios aderezan la actualidad: 

1. El Yuan está en el máximo valor en 17 años frente al dólar. (EL PAÍS). 

2. Superávit comercial récord de China en julio en los últimos dos años. (FT)

¿Cómo es posible? ¿Por qué una economía que se limita a copiar es capaz de, en plena crisis, con su moneda apreciándose, batir récords de superávit comercial?

A China le quedan 600 millones de personas que sacar de la pobreza en el oeste. Lo están haciendo, y un reciente estudio vaticina que la mitad de su población se podría considerar de "clase" media en 2023. De ser así, quedan 12 años en el proceso de crecimiento para alcanzar ese punto. 

En el futuro próximo del crecimiento chino se barajan dos hipótesis. La de que realmente haya la capacidad para crecer en la cadena de valor y mantener la competitividad a medida que se aprecia el yuan y aprieta la inflación, y la de que el globo chino se desinflará por ser incapaz de competir en cuanto suban sus costes. 

Hagan sus apuestas. Para mojarme de forma explícita debo afirmar que apuesto por lo primero: porque China elevará su capacidad competitiva igual de deprisa o más rápido que sus costes. Se irá viendo. 

09 agosto, 2011 | 14:22

Mucha prensa española ha buscado el titular tremendista, alarmista, exagerado y absurdo como "China quiere liquidar el dólar" (en ABC) tras los comentarios salidos desde China a raíz de las rebajas de rating sobre la deuda estadounidense. Ni siquiera se corresponde el titular con el cuerpo de la noticia. La interedependencia en la que vivimos hace que China no tenga tantas alternativas a la compra de deuda americana. ¿Acaso es una buena alternativa diversificar mucho hacia el euro? 

Los principales tenedores de deuda pública norteamericana, es decir, sus propios ahorradores, tampoco tienen mayor interés en que sus activos pierdan valor. Alrededor del 70% de los bonos estadounidenses no han salido de aquel país, y China, siendo el primer tenedor extranjero acumula, según las cifras que circulan alrededor del 8%. Los intereses, como en los buenos pactos de accionistas, están bastante alineados. Si a China no le interesa que el dolar descarrile del todo, a Estados Unidos y a sus ahorradores, menos. 

China, país que en 1980 tenía una renta per capita inferior a la de África, acaba de rebajar su calificación crediticia sobre Estados Unidos (en chino) y de propiciar un sonado "tirón de orejas" pidiendo que los americanos vivan de forma más acorde con sus posibilidades. Pero no se trata de una amenaza ni de un advertencia. Más bien es el consejo de un amigo cuando ve que el otro se está arrojando por el sumidero del alcoholismo o la obesidad. Lleva una dieta más equilibrada, "bebe y come menos y haz un poco más de ejercicio." 

El mundo ha cambiado mucho y la "globalización", que consecuencias tan negativas trae en algunos aspectos, no juega contra el entendimiento en esta crisis. Al contrario, habrá que entenderse, comer y dejar comer. Dentro, lógicamente, de los movimientos estructurales entre los que parece claro que no sólo China sino seguramente también Brasil, India y Rusia, y tal vez un poco África, están pidiendo una mayor participación en la tarta que es el mundo. Por cierto, algo de justo y humano también es que estos ciudadanos puedan incorporarse a lo que entendemos por vida "digna".

De ahí, a ver que China busca liquidar el dólar va un trecho inmenso. Harían bien los corresponsales en titular de  manera más sensata. Aunque sólo sea por responsabilidad y porque hay gente que no tiene tiempo, ni ganas, de leer más allá del mismo. 

03 agosto, 2011 | 04:37

Pere pages


(Imagen: Detalle de un cuadro de Pere Pagès)

Hace veinte años el chino medio no podía esperarse que uno de los principales problemas de su gobierno fuera la gestión de la crisis y la comunicación tras el accidente de un tren de alta velocidad. Ni siquiera podría esperar que hubiera tal red ferroviaria.

China ha cambiado problemas de índole tercermundista, como el hambre, por problemas de índole “primermundista” como el dilema entre desarrollar su red de alta velocidad con trenes que recorran el país a 300 o a 200 kilómetros por hora. Dilemas, cada vez más, de país desarrollado o parcialmente desarrollado.

Pero el país aborda más disyuntivas en su desarrollo y para ello se pone a observar con detenimiento, se lo puede permitir, lo que se hace fuera. Es la ventaja de llegar tarde. ¿Qué sistema de pensiones habría que implementar? ¿Cómo llegar a la cobertura sanitaria universal? ¿Qué modelo de medios de comunicación adoptar?

 El camino al desarrollo de China se está consiguiendo a base de enormes sacrificios, sobre todo de una parte de la sociedad, justo es reconocerlo. También es evidente cuando se está en una estación de metro, que hay una dosis de generosidad de los otros que, ostentando el poder podrían, seguramente, dar alguna vuelta de tuerca más a su población.

El metro en Shanghai tiene una excelente refrigeración en el agobiante verano de esta ciudad. Tanto en el andén como dentro del vagón. Infinitamente mejor que el mejor metro que haya podido tomar en Europa (quien teclea esto ha vivido también en París, Madrid, Berlín y Londres). Podrían haberse conformado con igualar lo mejor pero va más allá y adoptan un estándar que dignifica a este transporte. A fin de cuentas, el metro lo usa el populacho y no haría falta dotarlo de semejantes comodidades para tirar hacia adelante. Un kilómetro construido con menos prestaciones podría ser más barato y más efectista bajo el punto de vista de las cifras.

El enfado de la sociedad civil ante la gestión del reciente accidente ferroviario es también evidente. Se acusa de ocultar la cifra de muertos para no alarmar a la ciudadanía. Es una vuelta más por el paternalismo que guía en ocasiones la acción del gobierno chino, entendiendo como virtud del buen padre no exponer a su hijo a toda la verdad por evitarle sufrimiento innecesario.

Se contrapone la aspiración a la transparencia y la desnudez de los hechos en occidente, con la sutilidad de lo implícito que se maneja en China donde no verbalizar lo que es un hecho no se ve tanto como una mentira sino más bien como su forma de entender las relaciones. Los sobre-entendidos en China dominan la comunicación y, precisamente, extraer del discurso explícito un hecho concreto puede servir para darle énfasis. El gobierno ha recibido una buena cura de humildad mediática, sí, mediática, con los acontecimientos de estos días. Y no parece, ni mucho menos, impermeable a tal cuestión, sino sensible y receptivo a tales inputs.

Una de las modernizaciones que se está llevando a cabo en China es la de sus redes de telecomunicaciones, y, más aún, la del modelo que tomarán los actores que intervengan en la cadena de valor. Los criterios para llevar a cabo esta modernización se pueden leer en los numerosos documentos que los que estudian el asunto debaten con verdadera pasión en Weibo (su twitter). Un debate intelectual de altura donde las referencias a lo extranjero son para aprender en piel ajena lo que podría suceder si se adoptara un camino u otro.

¿Que por qué es de altura este debate? Porque no se va sólo a las verdades en dividendos por acción. El asunto se aborda desde el humanismo. Desde cómo la tecnología cambiará la forma de vida de los ciudadanos y cómo habría de guiarse (es un país comunista) tal desarrollo de forma que la sociedad progrese con él. Después, las rentabilidades empresariales serán sólo medios a tal fin. Esta sencilla diferencia que se habrá percibido al leer las letras sobre esta línea es un importante matiz que conviene recordar a los que diluyen las diferencias de pensamiento e igualan el sistema de mercado socialista chino al occidental. Se trata de cuál es el fin, y cuáles son los medios que se utilizan para llegar a él.

China ha aprendido a ir por detrás, y lo hace con suma comodidad. Se diría, incluso, que eso es lo que les va a resultar casi imposible cambiar. Seguramente, de momento, China necesita llegar más tarde para llegar más cómodo y mejor a los cambios. Puede que se deba a la orientación jerárquica de esta sociedad, donde yendo por detrás  puede haber un timonel. Se reduce así el espacio a la incertidumbre y se confía la creatividad radical a los mercados extranjeros entrando desde dentro sólo en el incrementalismo una vez el paradigma se ha establecido.

Cuando hablan de la Red, de la Internet, llama la atención poderosamente cómo el principal argumento que se está utilizando es cómo se podría aprovechar su desarrollo para romper brechas sociales. En Occidente ponemos el foco en la regulación utilizada como brazo de la propaganda, siendo en realidad otro tipo de consideraciones las que más se frecuentan en sus debates. En Occidente, de momento, vivimos la Internet de la brecha. La Red que ha dividido, más si cabe, a la sociedad partiéndola entre los que tienen acceso a la información, y más criterio para filtrarla, y los que viven ajenos a la infraestructura en primer lugar y también al criterio para filtrar datos que accedan a la nube mental del objeto de tanto mensaje.  

En China, el gobierno asume como fundamental dos cuestiones que posiblemente deberíamos retomar en España cuando hablamos no ya de crecer más, sino de crecer mejor. En primer lugar, que la propia infraestructura y la misma morfología de los datos obedezca a ayudar a corregir la asimetría social, y, por otro lado, que los ciudadanos puedan acceder a información de calidad, contrastada,  y que le ayude a formase un juicio cabal del mundo en que vive. Punto, este último, inasumible bajo el prisma en que hemos sido educados en nuestro país.

China, sigue así, en el abandono del relativismo que tendemos a creer justo y propio de la vulnerabilidad humana. Dos modelos y formas de entender la vida en común que posiblemente podrán convivir. Veremos cuál arroja mayores resultados en el medio plazo. 

 

imagen de Ana B. Nieto

Blog por Ana B. Nieto Licenciada en derecho por la UCM y periodista, vive y trabaja en Nueva York desde 2002. Antes de llegar a Cinco Días en Madrid trabajó en la edición valenciana de El País y durante varios meses en Indonesia y Tailandia. Además de Madrid ha vivido en casi todas las provincias andaluzas, Ecuador y Amsterdam donde completó estudios universitarios.

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