Situación del gobierno corporativo en China. Breve introducción
China está intentando implementar un sistema empresarial moderno. Pese a haber abandonado la economía planificada y tener régimen de propiedad variado en sus empresas más allá de la titularidad pública que regía anteriormente, su sistema de gobierno corporativo es inmaduro y de escasa transparencia. Se caracteriza por la concentración excesiva de la propiedad de empresas cotizadas, por un proceso politizado para salir a los mercados, así como por un entorno regulatorio débil. Resultado de ello es la incertidumbre de los inversores a largo plazo en este mercado.
Estas tesis son las que sostienen P. Warren McFarlan, Joanne Xu y Tracy Yuen Manty, de Harvard Business School en un artículo que sirve como aproximación al estado de su gobierno corporativo: Corporate Governance in China: Currect Practice, Key Problems. En dicho artículo se habla de los dos mecanismos de resolución de conflictos entre dueños y gestores, entre accionistas grandes y pequeños: internos y externos.
Controles Internos
El Estado, al menos hasta hace poco, ha pesado mucho en la estructura de propiedad de las empresas cotizadas. Entre propiedad pública y acciones “no comercializables” acumulaba el 63% del total de la propiedad de empresas cotizadas al final de 2006.
De ello se derivan problemas. La escasa representación de los intereses de los accionistas minoritarios, a cuyo bajo porcentaje de propiedad se une su falta de experiencia, por lo que la parte mayoritaria acaba aplicando el rodillo en la toma de decisiones. Y por otro, la baja liquidez y alta volatilidad de sus mercados.
Por otro lado, la CSRC, China Securities Regulatory Commission ha priorizado la entrada de inversores institucionales internacionales y locales. Este tipo de inversor juega un importante papel en la mejora del gobierno corporativo de las empresas, pero aún representa un PIB del 10% en China, muy inferior al que representan en Occidente. Su participación es importante pero se limita a la parte de acciones “comercializables”.
En relación al consejo de administración, la ley china requiere una estructura en dos niveles con consejo de dirección y consejo de supervisión con directores elegidos por un máximo de tres años y procesos específicos para la ampliación de su mandato. Además, todas las empresas cotizadas deben tener al menos dos directores independientes, siendo uno de los dos contable profesional. Un tercio del consejo debe estar compuesto por directores independientes.
Las responsabilidades del consejo de administración son similares a las que se tienen en los países occidentales, pero hay contrastes en la práctica:
- Su nombramiento muy politizado, lo que reduce independencia a los consejos (de administración y de supervisión).
- Muchos son de extracción académica y poco efectivos en su labor.
Por otra parte, los directivos chinos están poco alineados a nivel de incentivos con la propiedad. Cobran salario y bonus en una cuantía muy inferior a la de las empresas occidentales. Paradójicamente este hecho les ha incentivado a intentar lograr que sus empresas coticen fuera de China. Se trata de directivos que, a la hora de la verdad, tienen un alto nivel de autonomía en la gestión de sus empresas y que están sometidos a bajos niveles de control.
Debido a la falta de alineamiento en incentivos, son relativamente indiferentes al valor de las acciones de sus empresas, y tienen poca presión para llevar a cabo un uso eficiente del capital del que sus empresas disponen. Por ejemplo, mantienen grandes sumas de capital infra-explotado. Además, y, según los autores, falsean frecuentemente estados financieros para esconder ineficiencias y mala gestión.
Controles Externos
Se suele aceptar que un mercado activo es un buen mecanismo de control externo. En China, aunque ha crecido, la “proactividad” de los accionistas sigue siendo escasa. En cuanto a la actividad en fusiones y adquisiciones está también poco desarrollada debido a la falta de información pública fiable lo que impidie mayor auditoría, por la complejidad de la transacciones con acciones “no comercializables”, y por la rigidez regulatoria, pese a la entrada del país en la OMC.
También tiene un comportamiento negativo la infraestructura legal como mecanismo de control corporativo externo. En algunos casos hay incluso incoherencias entre normas legales en relación a qué acciones de los gestores son ilegales, así como ambigüedades en su redacción.
En Suma, se trata de un entorno de gobierno corporativo que contrasta bastante con el de Occidente. El gobierno chino aspira a que las empresas no se rijan sólo por la maximización del beneficio, lo que ha politizado bastante los procesos de salida a bolsa y generado falta de alineamiento entre los intereses de la inversión pública y privada, y de la propiedad con los gestores. De todo ello se deriva que para la mejora del gobierno corporativo en China son necesarias reformas en profundidad de su sistema.
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