Os presento un nuevo texto de David Gosset. Trata sobre el esfuerzo necesario de conectar con la experiencia china para entender la mentalidad que desarrolla en la actualidad, en la que predomina la paradoja y la redefinición. Debido a su resurgir, crece el poder blando de Pekín, pero es más importante su adecuación e influencia sobre el espíritu, zeitgeist, de la época que nos está tocando vivir.
China, como en los versos de Machado, combina lo estático (cantar el mismo verso) de una burocracia inmóvil, con lo dinámico (la distinta agua), una sociedad en autentica ebullición ¿Cómo es posible?
El autor busca en profundas raíces intelectuales explicaciones a fenómenos que se observan a un nivel más superficial. Pese a su densidad, resulta una lectura muy recomendable para los que pretendemos entender China y el mundo.
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En un cuadro chino tradicional los ojos no tienen que seguir una perspectiva lineal desde un lugar fijo y externo hacia un punto de fuga. Se desplazan y, como con una cámara de cine, se puede ver un cambio de enfoque. En cierto sentido, el experto no se enfrenta a una representación a interpretar, sino que entra en una escena, un paisaje, o incluso un estado de ánimo infundido por una energía fundamental, el qi, que ha de apreciar. Análogamente, a fin de captar la dinámica de China, uno no ha de preocuparse por construcciones teóricas o grandes diseños sistemáticos, sino hacer el esfuerzo de conectar con una experiencia.
La praxis china puede desconcertar al analista, pero en tiempos de crisis permanente, en que se requiere una constante capacidad para desaprender, repensar y redefinir, la manera de acción china resulta más propicia que la estricta aplicación de un modelo chino hipotético. Lao-Tsé ya preparaba la mente china para un mundo de paradojas: "El sabio que confía en la actividad sin acción (wu wei) desarrolla el aprendizaje sin palabras".
El creciente peso económico, político y cultural de China, derivado de la política de apertura de Deng Xiaoping, es ampliamente reconocido como una de las principales características de nuestro tiempo. Según Global Language Monitor, que rastrea las tendencias en el uso de palabras, la "emergencia de China" ha sido la noticia más importante de la última década. Aunque la magnitud de este proceso se explica a menudo por factores cuantitativos (el tamaño del país, la población) y se mide por cifras (el crecimiento de la economía, el PIB, etc., ...), uno debería reflexionar también sobre un nexo cualitativo que extenderá la relevancia de China en la década de 2010 y más allá: en una época de cambio sin fin de paradigma, contradicciones e incertidumbres, mientras crece la perplejidad y la incomodidad de Occidente. El espíritu de la época (el zeitgeist global) confiere ventajas a la mentalidad china y su singular plasticidad.
Como resultado del resurgimiento de China algunos elementos de su cultura son cada vez más visibles - aumenta gradualmente el poder blando de Pekín -, pero lo más significativo es la objetiva correspondencia entre la fluidez de la cosmovisión china y el nuevo aire de los tiempos - la construcción de un zeitgeist chino.
La coexistencia de un gigantesco Estado burocrático con una transformación y plasticidad social general, cuya escala no tiene equivalente en la historia del mundo, es una aparente paradoja que confunde al observador de la sociedad china. ¿Por qué está China tan cómoda con el cambio, mientras las democracias occidentales están peligrosamente carentes de capacidad para cuestionar sus supuestos y pueden estar amenazadas a largo plazo por la inercia y la complacencia?
A medida que el renacimiento chino cambia progresivamente la forma del siglo XXI y conduce el sistema mundial a un nivel diferente, comprender China se ha convertido en una necesidad práctica. En lugar de sermonear continuamente en tono de superioridad sobre lo que se enmarca de manera mediocre como "mercado emergente", como "recién llegado", Occidente ganaría mucho con un enfoque más modesto: aceptando la influencia de una civilización cuyo resurgimiento, lejos de ser una amenaza, es una contribución al equilibrio mundial. A medida que los intelectuales chinos se esfuerzan para volver a conectar con el mensaje universal de sus tradiciones, el renacimiento humanístico de China constituye también la promesa de una aldea global más armoniosa.
Teniendo presente el weiqi (juego de mesa conocido en Occidente por su nombre japonés “go”), uno de los símbolos más importantes en la geografía mental china, se puede desarrollar una mejor comprensión de la dinámica china en política, negocios, e incluso en interacciones sociales más triviales. El Tao del weiqi envuelve una experiencia estética e intelectual que nos acerca a la psicología china y nos da idea sobre el pensamiento estratégico chino, pero, en cierta medida, es también una forma de acercarse a los patrones fundamentales del éxito colectivo de China. Más allá de su rigidez ritual, los mandarino-burócratas del Partido Comunista Chino son, sobre todo, personas cuyo comportamiento está determinado por una subyacente cultura cognitiva que también explica lo que pudiera parecer paradójico a primera vista.
La crónica del escritor japonés Yasunari Kawabata (1899-1972) de un duelo intelectual, traducida al inglés como The Master of Go, contribuyó sin duda a la popularidad del juego en Occidente, pero el weiqi es un producto de la civilización china que se extendió con el tiempo en círculos ilustrados del nordeste de asia.
En la China imperial el weiqi tenía la consideración de un arte cuya práctica tenía fines educativos, morales e intelectuales. Los mandarines tenían que dominar cuatro artes, en una versión china del cuadrivio escolástico, conocidas como qin, qi, shu y hua. Se esperaba de los caballeros que fueran capaces de tocar el guqin (Qin), una cítara de siete cuerdas, así como para escribir caligrafía (shu) y demostraran talento en la pintura con pincel (hua).
La segunda habilidad, el qi, hace referencia al weiqi, un juego de estrategia para dos personas que alternativamente colocan piedras blancas y negras en las intersecciones libres de una cuadrícula. El ganador es aquel que, tras una serie de rodeos, puede controlar más espacio que su oponente; podríamos traducir weiqi como “el juego de mesa de acorralamiento" o "el juego de rodear". Los intelectuales se han fascinado durante siglos por el contraste entre la extrema simplicidad de las reglas y las casi infinitas combinaciones que permite su ejecución.
Tradicionalmente, el juego se conceptualizaba en relación con una visión del mundo. A comienzos del siglo XI, en Clásico de Weiqi en Trece Capitulos, posiblemente el ensayo más notable sobre el tema, el autor utiliza las nociones de la filosofía china para presentar los objetos materiales del juego: las piedras "se dividen entre el blanco y el negro, con el modelo yin/yang ... el tablero es cuadrado y sosegado, las piezas son redondas y activas”. En el Clásico de Weiqi se cita varias veces el famoso Libro de las Mutaciones (Yi Jing), que presenta la cosmología de la antigüedad china.
El juego, "un pequeño Tao", fue tan popular que generó algunos comportamientos obsesivos. La adicción al weiqi fue considerada por el filósofo chino Mencio (372-289 a.C.) como uno de los cinco tipos de comportamiento anti-filiales. Durante los siglos, el juego siguió siendo un elemento importante de la sociedad china. El pintor de la dinastía Ming Qian Gu (1508 a 1578), realizó una exquisita obra maestra cuando, en un ambiente de tranquilidad y compostura, pintó Una Partida de Weiqi en el Salón de Bambú, donde la brisa, el agua y las doncellas giran en torno a la circulación de piedras negras y blancas. Del famoso conjunto de 12 biombos pintados en la época del emperador Yongzheng (1678 - 1735), uno retrata a una dama elegante y refinada sentada al lado de un tablero de weiqi.
Objeto de críticas durante la Revolución Cultural, el juego vuelve a estar de moda entre las élites de China, y el maestro Nie Weiping y su discípulo Li Gu, dos de los mejores jugadores del mundo, son aclamadas celebridades. El juego ha inspirado recientemente a Shan Sa en su novela La chica que jugaba al Go.
Como se indica en la introducción del Clásico de Weiqi, el Tao del weiqi no puede separarse del Arte de la Guerra de Sun Tzu, que se mantiene vigente desde el Período de los Reinos Combatientes (476-221 a.C.) como fundamento mismo del pensamiento estratégico en China.
Mientras en el ajedrez o en el ajedrez chino (xiangqi), las piezas ya están en el tablero con un orden determinado cuando comienza la partida, en la apertura del juego de weiqi la cuadrícula está vacía. Durante una partida de ajedrez, se sustraen piezas; en el weiqi, se añaden piedras a la superficie del tablero. En Clásico de Weiqi, el autor remarca que "desde la antigüedad, no se han visto dos partidas idénticas de weiqi".
Tres axiomas minimalistas
Tres axiomas de oro expresados en el Clásico del Weiqi proporcionan una aguda perspectiva sobre el pensamiento estratégico de China y también sobre la mentalidad china.
"Como la mejor victoria se obtiene sin luchar, así la posición excelente es la que no causa el conflicto", dice el Clásico. Introduce lo que podríamos llamar el axioma de la no confrontación. En weiqi, el objetivo no es dar jaque mate al adversario: sólo importan las posiciones en relación a los demás. Las innumerables circunvalaciones del Weiqi están encaminadas a aumentar la influencia, sin reducir del todo las fuerzas del oponente. La habilidad para gestionar la paradoja de la oposición sin enfrentamiento requiere las más altas cualidades intelectuales y emocionales.
El Clásico añade: "Al comienzo del juego, las piezas se mueven de forma regular y ortodoxa, pero para ganar el juego es necesaria la creatividad”. Lo que pudiera denominarse como el axioma de la discontinuidad es variación de un postulado que es central del Arte de la Guerra, de Sun Tzu: al comienzo de la confrontación la acción se rige por normas aceptadas, pero la victoria a menudo requiere decisiones "irregulares" o resoluciones poco ortodoxas, y sólo la intuición visionaria conduce a la superioridad. La noción de una China poco imaginativa destinada a repetir, a imitar, o ejecutar mecánicamente, es una idea falsa basada en gran medida en un conocimiento parcial del mundo chino que, a pesar de la admirable investigación de sinólogo británico Joseph Needham (1900-95) en La Ciencia y la Civilización en China, persiste distorsionando el debate.
El postulado de la discontinuidad es la esencia misma de la innovación. En cierta medida, una aplicación de este segundo postulado fue el insólito concepto de "un país, dos sistemas", de Deng Xiaoping, para llevar a cabo la retrocesión de Hong Kong. Los líderes chinos de Pekín y Taipei también harán pleno uso del segundo axioma para reinventar sus relaciones en los próximos años.
Los autores de China: ¿la próxima superpotencia de la ciencia? (2007) afirman: "China está en una temprana fase del programa más ambicioso de inversión en investigación desde que John F. Kennedy se embarcó en la carrera a la luna". El país no sólo va a innovar en tecnología (más de la mitad de los 60.000 empleados de Huawei trabajan en I + D), sino que también contribuirá a la metamorfosis de las industrias creativas.
El holding suizo Richemont está apoyando el crecimiento de Shanghai Tang, una marca de moda creada por David Tang. El grupo francés Hermès, de alta costura, ha invertido en la empresa Shang Xia, dedicada al lujo, cuyo director artístico Jiang Qionger está contribuyendo al renacimiento de la artesanía china. Es interesante observar que Shang Xia, cuyos caracteres chinos literalmente significan arriba/abajo, introduce un ritmo y filosofía en la que los opuestos se llaman entre sí. El laboratorio de investigación de primer nivel Microsoft Research Asia, con sede en Pekín, consciente de los efectos de la técnica de mover el enfoque, durante el Festival Qingming desarrolló una versión inmersiva e interactiva de Por el Río, una de las más pinturas panorámicas famosas de China.
Incubadora de innovaciones científicas, creativa, China enriquecerá también el vocabulario de las ciencias sociales a través de la investigación desarrollada en los grupos de reflexión que ahora tienen medios económicos para atraer a académicos de primer nivel mundial. Los políticos occidentales, los líderes empresariales y de opinión, tienen que estar preparados para actuar en un mundo con productos materiales o inmateriales, no sólo "hechos en China", sino también creados y concebidos por China.
El Clásico menciona una tercera dimensión: "No adherirse necesariamente a un plan, cambiarlo según el momento". El axioma del cambio obliga al jugador a adaptarse a la situación y tener cuidado con la ciega adhesión a un sistema, doctrina o ideología preconcebidos. El énfasis de Deng Xiaoping sobre la necesidad de "buscar la verdad en los hechos" sigue profundamente este patrón del pensamiento estratégico chino. El espíritu del tercer postulado estuvo en el inesperado acercamiento diplomático de Mao a Washington en la década de los setenta.
Estos axiomas minimalistas conectan la tradición de China con la aldea global. Hoy en día, a medida que crece la interdependencia, los actores son a la vez socios y competidores en diversas formas de oposición sin confrontación, y en medio de cambios y crisis. La capacidad de desaprender y repensar es más útil que la aplicación de las constructos intelectuales establecidos. Los principios definitivos generan comodidad pero limitantes, en tiempos caóticos los postulados minimalistas constituyen la brújula intelectual más eficaz.
Hace 2.500 años Lao-Tsé sugirió que "el mayor bien es como el del agua", y explicó que "no hay nada bajo el cielo, más suave o más dócil que el agua", incluso cuando "uno no puede alterarla". La mentalidad china, más suave que el poder blando de Joseph Nye, se encuentra en su esencia en el siglo XXI.
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David Gosset es director del Centro Euro-Chino para Relaciones Internacionales y de Negocios (ECCIR) de CEIBS, Shanghai&Beijing, fundador del Foro Euro-China. Condecorado con la Gran Cruz de la Orden del Mérito civil por Juan Carlos I.
Traducción de Luis S. Galán Lozano con su autorización desde el texto original.
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