Vital: evaluar la gestión de España durante la Expo de Shanghai
La Expo pronto llegará a su fin. Un carrusel de líderes ha llegado de los confines del planeta. Concretamente, y en lo que nos toca, han sido habituales los actos de organismos de nuestro país. Seguramente la inercia, el imperativo por estar presentes, ha sido imparable y ha convertido a la Expo de Shanghai en un punto ineludible en la agenda de muchas instituciones. Inercia que se une a la estructura del Estado español. Quien teclea esto ha presenciado eventos de todos los niveles de gobierno: local, autonómico, estatal y europeo.
A Nuñez Feijóo, Presidente de la Xunta de Galicia, le tocó pagar la novatada al venir de los primeros. Se puso en duda que incurriera en este gasto en plena crisis. Poco ayudó, de puertas adentro, que desfilara la Real Banda de Gaitas de la Diputación de Ourense ante Miguelín. Acabaron dando explicaciones hasta por el coste de los billetes de avión. Y lo que hizo la Xunta de Galicia no parece tan descabellado ya que 300.000 euros parecen poca cosa. Si bien, extrapolando el coste… estaríamos en algo más de 5 millones de euros para toda España. Sólo en visitas.
El pabellón español contaba con un presupuesto de 18 millones. Dos movimientos de brocha gorda y superamos los 20 millones de euros (no olvidemos que tenemos 3 pabellones más en ese recinto).
Como al suceso de Feijóo se unió poco más tarde la noticia de fusión de las sociedades de acción cultural en el extranjero, saltó la alarma. Seguramente guiadas por la creencia sincera de que estos eventos merecen la pena y son rentables, circuló como la pólvora una consigna que no podíamos evitar comentar con sorpresa los ciudadanos de a pie: PERFIL BAJO.
Desde España, al parecer, las sedes autonómicas de los distintos organismos de acción exterior reclamaron a sus filiales en Shanghai mantener un “perfil bajo” ante sus futuras visitas. Es más, nombres que sonaban para pisar el recinto ferial, empezaron a ponerse en duda. El resto de presidentes autonómicos se lo pensaron dos veces. Se pretendía continuar con la programación con más exposición hacia medios chinos que españoles.
Esta situación no es exclusiva de España. La Expo ha supuesto un imperativo de “estar presentes” en un año donde la situación económica ha sido muy dura y se han cortado hasta los sueldos de los funcionarios. Ayer mismo pude estar en una “actuación privada” de Juan Luis Guerra costeada por la República Dominicana.
Que España debe estar presente en China, es obvio. Nos jugamos gran parte de nuestro futuro económico y social en este país de indiscutible potencial y crecimiento. Que el Estado podría jugar un papel de animador y guía para nuestras empresas, está fuera de toda duda. Es más, en un país como China, donde el Estado aún pesa bastante, a un empresario puede ayudarle tener a un gobernante a su lado. No olvidemos que aquí muchas puertas se abren por ese lado.
Por lo tanto, no se puede descalificar genéricamente la acción exterior que hemos llevado a cabo durante la Expo. No se trata de la oportunidad de esta inversión, sino del control de su dirección y de su gestión. Máxime, si vamos a seguir realizando un esfuerzo institucional en China en los próximos años. Por ello, la evaluación de lo que ha pasado este año en Shanghai es clave para que España enfoque correctamente las ganas que está demostrando en China. España está seguramente más visible a nivel institucional que la mayoría de potencias mundiales de mayor tamaño.
Como contribuyentes, tenemos derecho a la transparencia, y a poder comprender cuánto nos ha costado la Expo de Shanghai, y sobre todo, qué retorno de inversión hemos sacado de ella. Es de suponer que el Estado aplicará sus mecanismos habituales de auditoría, y esperemos que en un tiempo prudencial después de la Expo se lleven a cabo un par de informes que serían obligados en cualquier empresa privada:
- Coste exacto de todas y cada una de las acciones
- Retorno de inversión de las mismas
- Premio a los mejores gestores, y penalización y aprendizaje para los que no hayan gestionado nuestros recursos con la diligencia suficiente
Por fortuna, España goza de un cuerpo de funcionarios de muy alto valor profesional y ético. No hay más que tener la ocasión de hablar con alguno de los técnicos de la administración civil del Estado o comerciales, que hay por aquí. Ellos, los que están por oposición y no a dedo de una administración seudo-pública, seguramente son los más interesados en hacer bien esta evaluación.
Eludo un posicionamiento antes de leer informes serios sobre los millones de euros que nos ha costado la Expo a los españoles. No llegarán hasta 2.011 como mínimo. A priori tras haber palpado de cerca el ambiente, así como las opiniones de personas que han visto las acciones realizadas, la impresión es pesimista. Ojalá nos equivoquemos los que pensamos así y realmente lo que nos hemos gastado en la Expo de Shanghai, haya merecido la pena.
Independientemente de su resultado, necesitamos dicha evaluación para continuar optimizando la inversión de los recursos públicos en China durante los próximos años.
Últimos comentarios