Topicazo: aprender chino no es fácil.
Llevo en la tarea, de forma intermitente, unos tres años y medio. Intermitente porque así evoluciona la motivación y la disponibilidad de tiempo para estudiar. Mi nivel es suficiente para comunicarme con relativa fluidez con los lugareños. De hecho, en algunos casos, ya no es mucho peor que el de algún hijo de chinos nacido fuera.
Durante estos años, me he dedicado cinco meses de forma intensiva y exclusiva a ello. En esos periodos es cuando se consigue un progreso más contundente.
Cada vez se ve a más extranjeros que hablan chino de forma fluida. Está dejando de verse como algo imposible, hasta el punto de que, en realidad, sin chino no parece fácil abrirse ya un hueco en el mercado laboral de este país. Aunque también influye la mejora en cualificación de los propios chinos, y la capacidad de repatriar a ciudadanos educados en el extranjero e inmigrantes de segunda generación que hablan el idioma.
Como el número de emails que recibo preguntando por cómo encarar el estudio de chino va en aumento, voy a intentar dar, desde mi baja autoridad en la materia, consejos que suelo dar a quien me pregunta.
Lógicamente, se basan en mi experiencia personal, y no pretenden sentar cátedra.
1. Plantéate si realmente te merece la pena estudiar chino. Si tu ánimo es únicamente profesional debes tener en cuenta que la inversión en tiempo para llegar a un nivel aceptable es tremenda. Si multiplicas un número estimado de horas por un coste/hora que creas razonable según tu situación, puedes llegar a conclusiones sobre cuánto cuesta aprender chino. En tiempo, que al final es dinero. Y a ello hay que sumar cursos, viajes (no es posible hacerlo sin venir a China al menos una vez), clases particulares y exámenes.
2. No creas en cursos milagro. ¿Chino en dos tardes? ¿Chino antes de bajarte del avión? Chorradas. No existen. Ves multitud de cursos que prometen un aprendizaje correcto en pocos cientos de horas lectivas. Mi estimación sería que son necesarias alrededor de 1.000 horas lectivas para llegar a un nivel avanzado de chino. A lo que hay que sumar, al menos, otras tantas de estudio, y más de práctica.
En definitiva, y con una estimación de lo que me viene costando aprender caracteres y lecciones desde que he conseguido cierta cadencia y metodología, estaríamos en 2.000 horas en total tirando por lo muy bajo. Al precio que pago las lecciones de un profesor formado, 8 euros la hora en Shanghai, y valorando mi coste/hora en la conservadora cifra de 10 euros, la inversión realizada en aprender chino equivale a unos 28.000 euros. Si estimamos las clases particulares a los 15 ó 20 euros hora de Madrid, el equivalente en coste se alcanzaría los 40.000 euros.
Cinco meses a tiempo completo en total. Dos vacaciones de verano enteras, y tres meses donde dejé mi trabajo con antelación para venir al MBA. ¿cuánto vale eso? Para cada uno es diferente, pero es no dedicar los meses a tener vacaciones tras un año largo de trabajo, y perder tres meses de salario, sin ir más lejos.
3. La motivación profesional no justifica, a mi juicio, aprender chino. Trabajos hay en todas partes, y es más rápido y barato encontrar un buen socio en China para hacer negocios. Lo cual, no quita que un extranjero que sepa chino demuestra una capacidad de sacrificio y perseverancia (obsesión, visto por el lado negativo) dignos de mención.
Es imprescindible encontrar motivaciones personales, culturales, personales, humanísticas, que hagan sostenible a largo plazo el esfuerzo y que rodeen el aprendizaje del chino de curiosidad por su comida, historia, música, carácter… y diría que de afecto. Dudo mucho que alguien cargado de prejuicios y sesgos hacia china pueda sostener su motivación en el tiempo.
Si no estás dispuesto a desarrollar algún tipo de afecto hacia China, a comprender antes que a juzgar, aunque sea un afecto crítico en muchos aspectos, es muy difícil que puedas aprender chino. El arte está en que la motivación no esté en el objetivo a conseguir, sino en el propio camino que se recorre. Esto se dice de muchas cosas, y lo hemos oído mil veces. Es muy cierto en este caso.
4. Una vez asumido lo anterior, si decides que vas a dar el salto al vacío, hay que armarse de paciencia. Los resultados evidentes tardan en llegar. Si has tenido la suerte de estudiar antes algo que exija de semejantes niveles de constancia, podrás adoptar la misma filosofía. Por ejemplo, si has estudiado música.
El músico divide su estudio en dos partes: técnica e interpretación. El esquema se puede aplicar al chino. La parte mecánica de este idioma es muy importante, en pronunciación, audición y caracteres. Superada la técnica, se puede “interpretar”, que es practicar, expresarse a través del instrumento musical que es el chino. El chino es una herramienta de expresión, como un clarinete o un acordeón. Hay que dominar las posiciones, y luego podemos empezar a interpretar.
5. Estudiar técnica es una rutina, una disciplina, y sólo hay una forma: machacarse. Todos los días, rutina. Un tiempo concreto destinado a eso. Como el maratoniano. No puedes correr una maratón si no te vas entrenando. Rutina. Repetición. Rutina. Repetición.
La inmensa suerte de quien hoy empiece a estudiar, es que existen herramientas fantásticas, como skritter (que utilizo con una tableta digitalizadora Bamboo Wacom), o anki (con la ventaja que se puede usar offline).
Un dispositivo que aún no he añadido a mi estudio de la técnica es un móvil potente con sistema operativo Android, o un Iphone, donde se pueden usar estas herramientas. Para quien vive en gran ciudad, ayuda a rentabilizar los desplazamientos. A la larga puede ser de gran impacto.
Pero la técnica no se reduce a la mecánica de aprender caracteres. Escuchar y pronunciar es, en realidad, la parte más difícil del estudio del chino. Y eso hay que hacerlo a base de injertarse un reproductor de mp3 con las lecciones que estés manejando. Lugares como Chinesepod se han convertido en una buena fuente de lecciones para hacerlo progresivamente. Chinoesfera hace algo parecido en español.
6. La guía de cursos y profesores es importante. Pero hay que relativizarla. Los cursos y los profesores cambian, tu rutina de estudio y tu perseverancia, no debe cambiar. No puedes adaptar siempre tu estilo de vida a los profesores o cursos que surjan. El estudio del chino se debe adaptar a tu estilo de vida, y no al contrario.
Siendo un poco radical, una vez encuentres una colección de libros que te pueda servir para avanzar un tiempo largo, síguelos y sigue tu método. Sea quien sea el profesor. Que el profesor se adapte a tu método.
Esto no es del gusto de los profesores porque parece que cercenas su autoridad en la parrilla de salida. Da igual. Tú, por tu carril. Y que no te desvíen.
He cometido el error de dar un par de giros por no “ofender” a algún profesor. Error. No caigas como he caído yo.
Entre los profesores se da incluso cierto ludismo. Muchos odian las herramientas que os he copiado más arriba porque creen que acaban con ellos. Se equivocan, porque haciendo relativamente más llevadero el estudio del chino, harán crecer su pirámide de clientes. Evita profesores con ese perfil. En mi caso, conseguí que mi profesora me midiera y me ayudara a ir cambiando los settings de esos programas en la propia clase para estudiarla después.
7. La práctica. La interpretación. A medida que vayas pudiendo, intenta practicar.
Practicar chino es muy difícil porque los chinos están deseando hacer lo propio con su inglés. Lo mejor, en consecuencia, es irse donde ni hablan inglés. Venir a Shanghai a estudiar chino o ir a Pekín no es óptimo. China es inmenso, busca otro lugar.
Dicho lo anterior, si estás en los primeros pasos, Pekín y Shanghai son lugares llevaderos, para hacer una ruta más progresiva. Por mi parte, escapo del CEIBS cosmopolita y angloparlante a la china rural sentándome a comer con las señoras de la limpieza. Tengo guanxi en el comedor, lo que me reporta ciertas ventajas culinarias, que tampoco está de más.
Cada cual con su librillo. Aprender chino es una aventura para quijotes. Por tanto, bonita. Un camino sin fin. Cuanto más se estudia, más se ve uno como un completo ignorante.
Estudiar chino es como construir la escalera de Matthausen. Te morirás de extenuación antes de verla terminada.
Lo imperfecto e inacabado implica cierta frustración. Todo lo humano es inconcluso. Por eso, a fin de cuentas, si algo no nos resulta frustrante, será porque no nos exigimos lo suficiente. De ahí puedes sacar otra pequeña arma, limita conscientemente el nivel de auto exigencia al aprender chino y acotarás el grado de frustración.
Emprender el camino del chino implica vivir en un estado perpetuo de frustración. Hay disfrutar esta frustración y sacar de ella la propia energía y motivación. Lleva tiempo, pero al final, y a largo plazo, se puede conseguir.
Sí merece la pena para algunos. Estudiar chino es otra de las muchas cosas interesantes que se pueden hacer.
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