Sobre el autor

Socio en Shanghai de DaD Asia Consulting. Licenciado en Ciencias Políticas (S. de Compostela), Máster en Dirección de Sistemas de Información (Instituto de Empresa) y MBA (China Europe International Business School - CEIBS). Ha trabajado en desarrollo de negocio digital en Inglaterra, Francia, Alemania, España y China.
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26 junio , 2010 | 19 : 29

Las sanciones a China que propone Krugman las pagaría el consumidor americano

Paul Krugman reconoce en "La tomadura de pelo del yuan"  lo que es conocido por todos pero no se admite abiertamente de forma oficial. En realidad, “flexibilizar” el yuan no era más que el eufemismo para referirse a la exigencia de un yuan mucho más fuerte. Como tal circunstancia no parece que vaya a darse, acaba pidiendo sanciones comerciales en su último artículo.

Para ver la otra cara de la moneda, podemos leer la opinión, por ejemplo, de  Zhou Shijian del Centro de Relaciones China-USA de la Universidad Tshinghua. Dice que “los anuncios del Banco Central Chino pretenden que el valor del yuan se base en el mercado, no su apreciación”.  El mensaje del Banco Central Chino ha sido “malinterpretado” por algunos gobernantes estadounidenses.

Para Krugman el yuan barato es “como si China estuviese simultáneamente subvencionando sus exportaciones e imponiendo un arancel proteccionista a sus importaciones”. En definitiva, acusa a China de incurrir en proteccionismo utilizando para ello el tipo de  cambio. Y ¿cómo propone combatirlo? Con más proteccionismo: “habrá llegado la hora de hablar de sanciones comerciales”.  La propuesta consiste, por tanto, en combatir el proteccionismo con proteccionismo.

Los aranceles o las restricciones comerciales o cupos, son una transferencia de recursos de los consumidores, que podían acceder a productos más baratos, a los productores. Son, por tanto, una especie de impuesto que paga el consumidor final de los bienes. Antes de que Krugman publicara su último artículo, le contestaba un artículo titulado “It’s No Time for Proteccionism”: “Las pérdidas de los productores americanos proceden de las ganancias de millones de consumidores que prefieren pagar menos por los bienes que compran”.

Y antes aún, el capítulo 10 de  “La Economía en Una Lección” de Henry Hazlitt  (enlace al PDF)  ¿A QUIEN «PROTEGEN» LOS ARANCELES?  “Los partidarios del arancel piensan solamente en los intereses de los fabricantes directamente beneficiados por los derechos de que se trata. Olvidan, desde luego, el interés del consumidor, al que directamente perjudica el pago de tales gravámenes.”

El yuan barato, puede verse como un subsidio al importador y, a través de él, al consumidor final americano. En otras palabras, y siguiendo el razonamiento de Hazlitt, Krugman no propone sancionar a China, sino al consumidor americano a pagar productos más caros para que los empleos no salgan de Estados Unidos.  

Con su superávit comercial, China no ha comprado bienes al sector privado de Estados Unidos, sino deuda pública, nutriendo así de dólares a Estados Unidos (al igual que a otras economías occidentales). No corresponde a China evaluar dónde han destinado la deuda que han ido adquiriendo los Estados occidentales, y por eso insiste Pekín en que una modificación del tipo de cambio no va a la raíz del problema: la gestión de la deuda pública barata que han estado haciendo los gobiernos occidentales.

Comentarios

nazario

La "otra" raiz del problema es que las exportaciones baratas se basan en la explotacion humana de los trabajadores como si fuesen esclavos.
No puede haber globalizacion comercial sin globalizacion de unos minimos derechos laborables: mes de vacaciones, cotizaciones, semana de no mas de 50 horas......

Juan

Los perjudicados son los consumidores y comerciantes instalados en China, si se revalua el yuan en un periodo rápido esto crearía problemas en la economía mundial, ya que el comercio está muy conectado a la economía de China.

Luis Macías

Me produce un cierto asombro la vehemencia que presiento en el penúltimo párrafo del artículo de opinión del Nobel, Paul Krugman. Por una parte tiene claro que el Gobierno chino está “jugando” con todos los demás, tomándoles el pelo. Pero por otro lado lanza su duda, como una velada preocupación a compartir por todos los demás gobiernos, en cuanto a que “surja algo (es difícil decir qué)”. Como si él supiera ese “qué”, aunque se lo calle, remata su opinión con el sms que parece motivarle: “… habrá llegado la hora de hablar de sanciones comerciales.” Da la sensación de que el ilustre Nobel ha redescubierto el valor de la pólvora para cerrar los discursos y debates.

lsgalan

Hola Nazario,

Muchas gracias por participar, y bienvenido a este Blog.

Cuando hablamos del "problema" ahora mismo, es en referencia a la "crisis" de las economías occidentales. Puesto que las condiciones laborales son las mismas, no parecen ser una causa. En China, idénticos derechos laborales eran vigentes antes de la caída de Lehman Brothers. Por tanto, si bien se puede hablar en un aparte de lo que señalas, no sería en conexión concreta con el “problema” del que habla Krugman.

En relación a las condiciones laborales, es un tema largo de abordar. Para hacerlo con brevedad, en China se produce una intensa urbanización con millones de personas que salen del campo sin mayores posibilidades y llegan a la ciudad donde tal vez el puesto en una cadena de montaje es una mejora subjetiva y vista desde dentro. Al mismo tiempo se está dando una mejora paulatina de salarios, atención sanitaria, y condiciones laborales en general.

Un saludo,

lsgalan

Hola Juan,

Muchas gracias por tu comentario, y bienvenido a "A un clic de China".

Coincido contigo en que un movimiento brusco podría tener consecuencias negativas para el sector exportador instalado en China, pero, incluso a corto, el pago vendría dado por productos menos económicos en occidente sin que puedan cambiar instantáneamente las condiciones de producción para que se lleven a cabo productos en los que se ha especializado China.

El proteccionismo genera externalidades negativas a ambos lados de la barrera.

Un saludo

Juan

Tienes toda la razón además creo que gracias a la producción de bajo coste nosotros que vivimos en otros países hemos sidos beneficiados de estos productos de bajo coste importados desde China, pero a su vez han creado consecuencias como los cierres de las empresas nacionales y traslados hacia otros países en vías de desarrollo, como por ejemplo China. Para vivir en este mercado común las empresas deben de adaptarse a este entorno y cambiar su estrategia.

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