Las sanciones a China que propone Krugman las pagaría el consumidor americano
Paul Krugman reconoce en "La tomadura de pelo del yuan" lo que es conocido por todos pero no se admite abiertamente de forma oficial. En realidad, “flexibilizar” el yuan no era más que el eufemismo para referirse a la exigencia de un yuan mucho más fuerte. Como tal circunstancia no parece que vaya a darse, acaba pidiendo sanciones comerciales en su último artículo.
Para ver la otra cara de la moneda, podemos leer la opinión, por ejemplo, de Zhou Shijian del Centro de Relaciones China-USA de la Universidad Tshinghua. Dice que “los anuncios del Banco Central Chino pretenden que el valor del yuan se base en el mercado, no su apreciación”. El mensaje del Banco Central Chino ha sido “malinterpretado” por algunos gobernantes estadounidenses.
Para Krugman el yuan barato es “como si China estuviese simultáneamente subvencionando sus exportaciones e imponiendo un arancel proteccionista a sus importaciones”. En definitiva, acusa a China de incurrir en proteccionismo utilizando para ello el tipo de cambio. Y ¿cómo propone combatirlo? Con más proteccionismo: “habrá llegado la hora de hablar de sanciones comerciales”. La propuesta consiste, por tanto, en combatir el proteccionismo con proteccionismo.
Los aranceles o las restricciones comerciales o cupos, son una transferencia de recursos de los consumidores, que podían acceder a productos más baratos, a los productores. Son, por tanto, una especie de impuesto que paga el consumidor final de los bienes. Antes de que Krugman publicara su último artículo, le contestaba un artículo titulado “It’s No Time for Proteccionism”: “Las pérdidas de los productores americanos proceden de las ganancias de millones de consumidores que prefieren pagar menos por los bienes que compran”.
Y antes aún, el capítulo 10 de “La Economía en Una Lección” de Henry Hazlitt (enlace al PDF) ¿A QUIEN «PROTEGEN» LOS ARANCELES? “Los partidarios del arancel piensan solamente en los intereses de los fabricantes directamente beneficiados por los derechos de que se trata. Olvidan, desde luego, el interés del consumidor, al que directamente perjudica el pago de tales gravámenes.”
El yuan barato, puede verse como un subsidio al importador y, a través de él, al consumidor final americano. En otras palabras, y siguiendo el razonamiento de Hazlitt, Krugman no propone sancionar a China, sino al consumidor americano a pagar productos más caros para que los empleos no salgan de Estados Unidos.
Con su superávit comercial, China no ha comprado bienes al sector privado de Estados Unidos, sino deuda pública, nutriendo así de dólares a Estados Unidos (al igual que a otras economías occidentales). No corresponde a China evaluar dónde han destinado la deuda que han ido adquiriendo los Estados occidentales, y por eso insiste Pekín en que una modificación del tipo de cambio no va a la raíz del problema: la gestión de la deuda pública barata que han estado haciendo los gobiernos occidentales.
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