14 mayo, 2012 | 12:14
Ambición renovada para las relaciones sino-francesas
Dado que las relaciones económicas, políticas y estratégicas entre Europa y China no son proporcionales a su mutuo reconocimiento y atracción recíproca, un formidable potencial de sinergias entre los dos extremos del continente sigue en espera de ser liberado.
El nuevo presidente francés, François Hollande, está, obviamente, frente a enormes desafíos en el frente económico tanto en Francia como en la zona Euro, pero la naturaleza de las relaciones que se forjen con China, el más importante factor de cambio del siglo XXI, también definirá su presidencia.
En un momento en que la distribución del poder está cambiando rápidamente - cuando Nicolas Sarkozy se convirtió en presidente de Francia, hace cinco años, el PIB de Francia fue el 73% del PIB de China, y será el 33% en 2012 y menos del 25% en 2017 - los líderes tienen que cuestionar sus supuestos y reevaluar sus prioridades.
El nuevo residente del Palacio del Elíseo y el liderazgo que surgirá del 18º Congreso Nacional del Partido Comunista de China puede abrir un nuevo capítulo en las relaciones chino-francesas, contribuir a la profundización de los vínculos entre Bruselas y Pekín y elevar a otro nivel la sinergia chino-occidental.
François Hollande, que no comparte la reverencia de su predecesor hacia Estados Unidos, se encuentra en posición de tener una política más independiente con respecto a China, y si la Casa Blanca sin duda ha ganado un socio en su búsqueda de crecimiento económico, no puede ver ya París como un aliado complaciente e incondicional. En la próxima 25ª Cumbre de la OTAN en Chicago que se centrará en el compromiso de la Alianza en Afganistán, François Hollande anunciará la retirada de las tropas francesas del país de Asia Central antes de que finalice el año.
Utilizando las palabras del ex ministro de Exteriores francés, Hubert Védrine, François Hollande considera Francia y los EE.UU. como "amigos, aliados, pero no alineados" - " amis, alliés mais pas alignés".
Durante su larga campaña, el candidato socialista subrayó la importancia de las relaciones estables entre los dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU -en contraste con las fluctuaciones de la era Sarkozy-, pero también, en referencia al déficit comercial de 27.000 millones de euros con China en 2011, llamó a unas relaciones económicas más equilibradas entre los dos países.
El presidente francés se reunirá con su homólogo chino, Hu Jintao en la Cumbre del G-20 en México, pero el 7 de mayo, sólo varias horas después de su histórica victoria, recibió a Kong Quan, el embajador de China en Francia, un encuentro al que siguió una conversación con Charles Rivkin, principal diplomático estadounidense en París. Después de una conversación telefónica con la canciller alemana Angela Merkel en el día de su elección, la serie de intercambios compuso una secuencia muy relevante en un siglo que se caracteriza principalmente por las interacciones entre Washington, Bruselas y Pekín. Además, al elegir a Paul Jean-Ortiz, un experto en China, como su principal asesor diplomático, tres días después de su victoria, François Hollande, indicó que ponía en marcha un equipo especial en fase con la dinámica de China.
En sus conversaciones con el enviado chino, François Hollande se comprometió a fomentar la cooperación entre China y Francia, invitó a ambos países a fortalecer la colaboración en el G-20 e insistió en la necesidad de impulsar los vínculos económicos. Hay claramente un espacio considerable para la mejora, el comercio entre China y Francia en 2011 representó sólo el 40% del comercio entre China y Alemania cuyo monto alcanzó 144.000 millones de euros - 1/3 del comercio total UE-China.
Una renovada relación bilateral sin duda puede contribuir a ampliar el horizonte de las relaciones chino-europeas, París puede actuar como un catalizador para una política exterior de la UE más autónoma hacia Pekín. Cada vez es más urgente que los políticos europeos diseñen mecanismos para atraer hacia Europa la inversión china - en los diez años próximos China va a invertir en el extranjero más de 1 billón de dólares -, ellos deberían otorgar a China el status de Economía de Mercado - que en cualquier caso será concedido a Pekín desde el 11 de diciembre de 2016 según las normas de la OMC -, levantar un inoportuno y contraproducente embargo de armas, consultar estrechamente con China en materia de seguridad, y trabajar en ambiciosa cooperación chino-europea en terceros países, desde África hasta Asia Central.
Algunos comentaristas han señalado que las relaciones entre Pekín y la izquierda francesa han sido inestables en el tiempo – la venta de fragatas Lafayette a Taiwán por parte de París, ocurrió bajo François Mitterrand a principios de los años 90 - y otros han expresado su preocupación por la falta de experiencia internacional del nuevo presidente francés.
Sin embargo, las elecciones presidenciales francesas de 2012 ofrecen al menos dos lecciones obvias. En primer lugar, François Hollande ha demostrado sistemáticamente el error de aquellos que le subestimaron, en segundo lugar, su victoria marca el retorno al campo de la política y, en medio de los inevitables momentos de turbulencia, que es la voluntad política de poner las relaciones chino-francesas en perspectiva estratégica y a largo plazo, lo que va a prevalecer.
En su mensaje de felicitación al nuevo líder francés, Hu Jintao menciona "la larga amistad y cooperación entre China y Francia, que es significativa en la protección y promoción de la paz mundial, la estabilidad y el desarrollo". En 1964, por decisión de Charles De Gaulle, Francia fue el primero entre los principales países occidentales en establecer relaciones diplomáticas con Pekín a nivel de embajadores y París y Pekín celebrarán el 50 aniversario de este momento histórico bajo la presidencia de François Hollande.
A menudo descuidada por las teorías de las relaciones internacionales, la química entre los líderes es fundamental para la realidad de los asuntos mundiales, y si el nuevo líder francés y su homólogo chino desean que esta dimensión cualitativa desempeñe plenamente su papel, tendrán que multiplicar las ocasiones para las interacciones directas y relativamente largas en las condiciones apropiadas.
Mientras que Nicolás Sarkozy y Hu Jintao realmente nunca han sido capaces de trabajar como dúo – de hecho, sólo después de un período demasiado largo de desconfianza, se vieron forzados por la agitación financiera a, simplemente, normalizar los relaciones -, François Hollande y Xi Jinping, el próximo dirigente de China, cuyos caracteres y estilos parecen muy compatibles, podrían ser capaces de adaptar a su manera la comprensión que caracterizó la relación entre Jacques Chirac y Jiang Zemin.
El 31 de enero de 1964, en el Palacio del Elíseo, Charles De Gaulle concluyó una conferencia de prensa con una observación sobre lo que él llamó las "afinidades" entre Francia y China. Estas "afinidades" culturales e históricas tienen que ser reactivadas y servir como fulcro de una nueva ambición global conjunta.
El mundo se ha beneficiado enormemente de las tradiciones humanistas francesas y chinas, pero en un siglo de interdependencia sin precedentes, lo que puede marcar la diferencia es la calidad de su articulación.
David Gosset es director del Centro Euro-China de Relaciones Internacionales y Negocios CEIBS, Shanghai y Pekín, y fundador del Foro Euro-China.
(Copyright 2012 David Gosset.)
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